Yoga y vida consciente

 

yoga«Āsana debe ser firme y gozosa / el esfuerzo se vuelve no-esfuerzo y se alcanza lo eterno / entonces las dualidades cesan». Ejecutada correctamente, la postura estabiliza no solo el cuerpo sino la mente, trayendo al practicante al momento presente, libre de la preocupación por el pasado o el futuro. Patañjali .

Levantarse cada mañana dando gracias a la vida, enviándole un mensaje de agradecimiento a nuestras células por su trabajo bien hecho, agradeciéndole su apoyo a los seres queridos que se nos han ido o reconociendo al Universo nuestra gratitud por cada día de existencia, es, además de una actitud positiva y una estrategia inteligente, un acto de puro egoísmo: si nos quisiéramos bien, si viviéramos la vida de forma consciente, lo haríamos a diario.

 Si al empezar cada día agradecido, le añades un propósito de entrega a los demás, ganas de querer ayudar a los que te rodean, generosidad y amor en todo lo que haces, y lo mantienes en el tiempo, notarás que tu vida se irá transformando en otra distinta, infinitamente mejor.

 De lo que te estoy hablando es de lo contrario de la educación que hemos recibido, de la moda,  de lo que se lleva, de lo que hacemos a diario: quejarnos, recrearnos en la crisis, costarnos trabajo todo, criticar a los demás, participar de las comidillas irreversibles… en definitiva, cargarnos de la energía negativa que nos envenena y enferma nuestras células.

Os he dicho varias veces que el yoga es mucho más que hacer unas asanas. Hacer yoga es aprender a meditar con el cuerpo, anclarnos en él, una forma eficaz de aprender a vivir en el presente. Nuestra mente tiende a estar continuamente proyectada hacia el pasado o haciendo planes de futuro, con lo cual vivimos en una ensoñación permanente. El objetivo de toda meditación es evitar este estado mental compulsivo, hacernos conscientes de nuestra existencia, reencontrar nuestra esencia. Y el yoga es el instrumento ideal para iniciar este camino.

Además, un cuerpo sano, ágil y flexible a través del yoga y la alimentación, es un cuerpo alegre y optimista que transmite esta flexibilidad y alegría a la mente. Es decir, cuerpo y mente se retroalimentan. Al revés también, claro: un cuerpo rígido y pesado tiende más a la tristeza y a la depresión.

Un yogui es libre e independiente: se siente una naranja completa, no necesita medias partes que conlleven adjetivos posesivos más propios del mercadeo del sistema dominante y de las religiones monoteístas, que de una relación afectiva entre dos personas. Un yogui ama en libertad, lejos de las leyes de los hombre.

 Un yogui es tántrico, hedonista, disfrutón y vividor a la vez que disciplinado, coherente, consecuente y trabajador. Tiene el rigor de un científco para trabajar sus resistencias físicas y sus límites , y la creatividad de un artista para perfilar y adaptar a su cuerpo asanas milenarias.

A Enrique Moya, Maestro.

Besos 

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