Una gran familia: Residencia Almudena

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familiaalmudenaComo cada semana, la familia Ruiz Molina acude al Centro Residencial Almudena a visitar a su madre o abuela. «Llamo todos los días y me cuentan cómo está mi madre, qué tal ha pasado el día y en cuanto que hay un problema me avisan. Podemos dormir tranquilos porque sabemos que aquí la tratan bien y está cuidada», explica María José Ruiz.

María José es una de las hijas de Anita Molina, que lleva alojada en la residencia un año y medio. Cuenta que no fue fácil tomar la decisión y que antes estuvo tres semanas en otro centro, pero no tenía nada que ver. Fue por recomendación de una conocida y cuando visitaron las instalaciones y conocieron el servicio que ofrecían y el trato tan familiar del personal que estaba al mando, no dudaron.
«Nosotros no pudimos moverla en casa porque con la pérdida de memoria había olvidado cómo andar y primero estuvo en un centro de día, pero en casa no tenemos la oportunidad de tener un médico tan cerca si le pasa algo o una fisioterapeuta que haga ejercicios de rehabilitación, por ejemplo», afirma Ruiz.

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La importancia del cariño

Anita tiene 87 años y se encuentra bien, le gusta el centro donde ahora reside y asegura que el salir a la terraza a tomar el sol le alegra y que el trato que recibe es afectuoso. Por supuesto agradece la visita de sus hijas y nietas, porque como la familia no hay nada, pero comprende que no puede estar pendiente de ella todo el tiempo y que se hace mayor y necesita cuidados más especializados.

Mientras estamos charlando con la familia Ruiz Molina se acerca Antoñita Ávila, otra de las residentes en el centro Almudena. Se muestra muy contenta de ver a «su familia adoptiva», pues hace buenas migas con Anita y cuando vienen a visitarla a ella siempre le gusta saludar y derrochar piropos para todos. Antoñita es muy coqueta y entre risas explica que no quiere salir la foto porque no tiene el pelo pintado.

En otro rincón, al solecito, encontramos a Margarita Virgi, una jienense de 84 años, a la que le gusta dibujar y colorear y así pasa las horas «tranquilita», como ella dice. Es consciente de su pérdida de memoria conforme pasa el tiempo y también se da cuenta de que ya no tiene 20 años como cuando cocinaba, pintaba la casa…pero está feliz porque dice que vive en un sitio muy bonito, donde la cuidan, come bien y descansa en una buena cama.

En el salón, la terapeuta juega con algunos para ejercitar la memoria y el lenguaje y pasar un buen rato. Entre ellos está Carmen Ortega es de Melilla y tras sufrir una parálisis y pasar unos días en el hospital, su hija decidió que el Centro Residencial Almudena era un buen lugar para que su madre estuviera bien atendida. Carmen dice que está muy contenta porque la gente es «muy agradable, educada y cariñosa» y reconoce que un beso o una caricia a veces lo es todo. Además, como ella está mejor que otros residentes, los ayuda en las sesiones de gimnasia.

La decisión de dejar a un familiar en una residencia para mayores nunca es fácil, pero preferible que sea un lugar acogedor, donde los servicios se adapten a las necesidades de las personas conforme llegan a una edad y sobre todo, un sitio donde el trato sea lo más cercano y parecido a una familia.

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Periodista con más de siete años de experiencia en medios y comunicación institucional en Málaga y Rincón de la Victoria. Co-fundadora de La Voz de Hoy en septiembre de 2012 con el objetivo de dar un espacio de información, opinión y participación a la ciudadanía. Sin periodismo no hay democracia.

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