Tirando del carro

tirandoCuando la mayoría de los actuales abuelos españoles eran niños, aún no se había generalizado la utilización de los vehículos a motor. Casi todo se transportaba en carros o carretas, tirados por caballos, mulos o bueyes. Los españoles trabajaban como animales para levantar a un país que soñaba con superar la dictadura.

Con el tiempo, se ganaron el derecho a disfrutar de una justa, y ajustada, pensión de jubilación. Ahora, por culpa de esta crisis inventada por aquellos que necesitan acaparar cada día más para derrochar más, viven temerosos con la posibilidad de que “ésta increíble cuadrilla que nos gobierna” se anime a “tocarles” su pensión.

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Gracias a que están acostumbrados a vivir de forma muy austera, su pensión también está sirviendo para que, en muchísimos casos, puedan comer sus hijos y/o nietos. ¡Se han convertido en la más importante ONG del país! Además, su cariño y generosidad les ha llevado a avalarles cuando decidieron comprar una vivienda. Como sus propiedades se reducen a la casa familiar, que han ido pagando a lo largo de su vida, han tenido que utilizarla como garantía ante los bancos.

El brutal incremento del desempleo ha hecho que muchas personas pierdan sus ingresos y no puedan hacer frente a las deudas contraídas, quedándose la banca con sus viviendas. (La banca siempre gana) Y para ganar más, también requisan las viviendas de aquellos abuelos que cometieron el delito de avalar para que su familia pudiese mirar hacia el futuro.

Como todos vosotros, estoy convencido de que los abuelos y abuelas siempre han sido un firme y desinteresado apoyo para toda su familia, aunque ahora se note más debido a la difícil situación del país.
Hace bastantes años tuve el honor de conocer a un abuelo que dejó su casa y su pueblo para trasladarse a muchos kilómetros y dedicar su vida a sus hijos y nietos.

Aunque no tenían problemas económicos, no por eso se agradecía menos su inestimable aportación. Recogía a los nietos en el colegio y les ponía la merienda. Seguidamente, a uno lo llevaba a la clase de inglés, al otro al entrenamiento del fútbol… Y en sus idas y venidas, igual lo veías traer el pan como sacar la basura y volver del súper con una caja de leche en una mano y una garrafa de aceite en la otra. ¡Llevaba la intendencia de dos casas! Era un espectáculo ver la inagotable vitalidad del abuelo Paco.

Aunque la vida no le permitió continuar con su labor, yo me lo imagino hoy yendo de aquí para allá, con un portátil bajo el brazo y una réflex colgada del cuello, para continuar con el objetivo de siempre: ayudar a sus nietos a abrirse camino en la vida.
Sírvanos su ejemplo y el de los demás abuelos españoles para no desanimarnos y seguir tirando del carro.

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