¡Sí, sí, sí, la copa ya está aquí!

copareyTodos los aficionados al buen baloncesto saben que un momento especial dentro de cada temporada baloncestística es la copa del rey. Este año se ha disputado entre los días 6 y 9 de febrero en Málaga. Resumiendo su esencia diremos que se trata de un evento único con formato play-off a un solo partido (eliminación directa) donde los mejores equipos de la competición nacional miden sus fuerzas en 4 intensos días. Un fin de semana “largo” donde los aficionados al buen baloncesto disfrutan de un ambiente festivo, la confraternización de aficiones y un formato “made in Spain” que se ha exportado a un sinfín de países.

Esta copa tenia un cariz especial para los malagueños, ya que éramos anfitriones y tendríamos la oportunidad de mostrar, no sólo nuestro nivel baloncestístico, sino la capacidad de organización para un evento de estas características. Málaga se ha convertido durante unos días en el escaparate de España y ha sido capaz de enganchar a otro tipo de turista, el turista deportivo, gracias a un plan enfocado a este maravilloso deporte, con actividades de la canasta, la promoción del otro gran evento de año (Mundial) y una afición más que sociable y cada día más cosmopolita.

La competición en si es un espectáculo, a pesar de estar edulcorada desde el principio por un deficiente sistema de sorteo. Desde mi humilde punto de vista plantearía un sorteo puro y duro, sin cabezas de serie ni anfitriones ni nada por el estilo para aumentar las sorpresas y la emoción, cualidades ambas, perdidas debido a la diferencia abismal de presupuestos y plantillas que se dan cita en el evento. Un formato es atractivo siempre y cuando siga evolucionando y cambiando, favoreciendo el propio espectáculo y no sólo una final predeterminada o prevista.

Aunque lo realmente importante en esta competición, como en otras tantas, son las diferentes aficiones que se desplazan con sus equipos a pesar de tener escasas posibilidades de competir, y las diferencias también gigantes que existen entre muchas de ellas, no coincidiendo necesariamente con la grandeza de su club. Así pues, siempre es de agradecer que los equipos canarios asistan a este evento pues su alegría y pasión se trasladan a la cancha durante los mejores momentos de la cita. Son claramente un ejemplo de la magia de la copa.

Una vez dicho todo esto parece que los resultados no importan; pero, obviamente, las decepciones son muchas, quizás algunas no son tales, pues es lo que se espera
por la mayoría de aficionados, la organización y las televisiones. Afortunadamente la final nos brindó toda la emoción carente durante el resto de cruces y pudimos irnos con un mejor sabor de boca. A pesar de la desilusión del día inicial para algunos, sabemos que cuando pase un año, esté clasificado o no nuestro equipo, estaremos delante del televisor o en directo, rodeados de la mejor compañía posible para vivir la ilusión de otra copa del rey.

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