Resonancia otoñal con contrastes

cole1Nuestra existencia se rige por ciclos en todas sus facetas. Estamos de una u otra forma subordinados a estos cambios no pudiendo escapar, tarde o temprano, a su rigurosa implantación a veces esperada y placentera y otras todo lo contrario. Podríamos incluir entre estas últimas, el inicio del curso escolar por lo que conlleva entre los niños y jóvenes de nuestra avanzada cultura el pasar del ocio que los hace libres a la rutina que los “esclaviza”.

De un tiempo a estos días se ha puesto de moda hablar de síndromes de muy diversa índole, sobre todo para afecciones o trastornos que afectan a las personas adultas, pero… también los sufren nuestras niñas y nuestros niños?

Cada año aumenta la cifra de los que se ven obligados a pasar por la consulta de psicólogos, los cuales, junto a los educadores, aconsejan un periodo de transición entre las vacaciones y las clases, y por el contrario muy pocas son las familias que lo ponemos en práctica. Aprovechamos hasta el último minuto y estamos aleccionando a nuestros peques para futuros humanoides todoterreno: pasamos de una situación a otra sin entrenamiento alguno y, claro, puede desembocar en algún que otro problemilla, no muscular en este caso.

La familia y los maestros en los primeros días tienen que contribuir y conseguir cuanto antes que todo vuelva a la normalidad, una vez más, por el bien general.

Desde el día seis de septiembre, en España estamos construyendo, según cada comunidad autónoma, el mapa escolar de este curso. Un año que nos deparará recortes drásticos, necesarios según los gobernantes pero no aceptados, de huelgas anunciadas, de reformas partidistas en la ley de educación, de sindicatos revueltos,… de un ambiente hostil al que los verdaderos maestros y profesores tendrán que hacer gala de su profesionalidad para que esto no haga mella en el aprendizaje de sus alumnos.

Si caemos en la cuenta somos muchos los implicados en este comienzo de curso, los más importantes por supuesto los alumnos, pero no olvidemos a los maestros con sus papeleos cada vez más agobiantes y su recorte salarial, los padres y madres con sus huchas cada vez más vacías, si no ya totalmente rotas y desquiciados por las tardes de deberes que les quedan, las editoriales intentando meter sus libros hasta en el parvulario, los comercios luchando por vender a plazos o fiando, los sindicatos de la enseñanza consiguiendo no perder a sus liberados, las asociaciones de madres y padres de alumnos que casi solo se pringan en fiestas y más fiestas, y el Ministerio y la Consejería tratando de limar asperezas a un divorcio anunciado,…todos configuran este meollo poniendo o restando su granito de arena para el resultado final.

En esto, la Ceapa (Confederación española de asociaciones de padres y madres de alumnos) que preside Jesús María Sánchez, no asiste a la inauguración oficial del curso escolar en la localidad toledana de Fuensalida, para que no parezca de “normal” dicho pistoletazo de salida y ya con anterioridad se pronunciaron sobre los muchos deberes escolares en casa, no descartando promover una huelga de estas tareas, como ocurrió el curso pasado en Francia, alegando que: representan en gran medida un fracaso del sistema educativo (se deberían hacer en la escuela y en horario escolar), provocan desigualdades sociales (dependen del nivel socioeconómico: los padres con más nivel ayudan a sus hijos o les pagan clases particulares), crean tensión entre padres e hijos (se quedan sin jugar y generan rechazo a la vez que existen grandes discusiones), constituyen un problema para muchos progenitores (llegan tarde a casa y no disponen de tiempo) y añade que los menores necesitan tiempo para realizar otras actividades culturales o de esparcimiento que contribuyen a su desarrollo personal.

¡Con lo bien que estábamos en las vacaciones! Ahora todo son problemas. La incorporación al cole de estos críos nos lleva de nuevo al lado oscuro de la vida en ciertas clases sociales…

Si unos estamos descontentos por el comienzo, otros lo estamos por la finalización. Hace unas semanas un conocido profesor de universidad declaraba una vez más en su interesante blog El Adarve, al que remito a los lectores, su amor a la enseñanza. Él tenía otro problema: le llegaba su hora de jubilación forzosa (lo discriminan por la edad) y no quiere dejar este mundo de la enseñanza en el que él y sus alumnos se habían educado recíprocamente. Unos entran y otros se van. Hablo del profesor Miguel Ángel Santos Guerra, de la facultad malacitana de Ciencias de la Educación, que habiendo recorrido profesionalmente escuela, instituto y universidad llegaba lamentablemente a jubilarse (lamentablemente porque le gustaba hacer lo que hacía y porque se encuentra en condiciones de seguir haciéndolo). Aunque se cree afortunado, porque es una tarea que merece la pena, culpabiliza a la actual crisis de este final.

Según el mismo, puede abrirse un debate: el hacer un hueco a los jóvenes que buscan trabajo en momentos de crisis o el de aprovechar la experiencia de muchos años.
“Me gustaría que las personas que empiezan lo hagan con la misma ilusión con la que termino”, añade el profesor. Esta frase nos podría servir de ejemplo para todos en este “caluroso” otoño que comienza. Que la ilusión y el entendimiento sean, en lo posible, el norte de nuestras vidas.

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