Papá Noel visita los Baby de La Cala CD

noelfutbolLa Navidad ha llegado a La Cala Club Deportivo, sobre todo para sus miembros más pequeños, los de la escuela de los Baby que ayer recibieron una visita muy especial: la de Papá Noel. Sus caras de ilusión y asombro llenaron el campo caleño y en esta ocasión cambiaron los balones de fútbol por caramelos, cartas de buenos deseos y regalos´.

Ésta es solo una iniciativa más de las que organiza y definen la entrega de la entrenadora de estos jugadores que se inician en el deporte rey, Ana Cardosa. Reconoce que siempre le ha gustado el fútbol, pero en su época las mujeres no jugaban. Hace cinco años decidió hacer el curso en el club de Rincón, junto a 27 hombres. “Es un mundo muy machista, algunos no querían ni darme la mano en los encuentros, pero a mí no me importa”.

Después de fundar la Escuela Chupete en el club rinconero, el Málaga CF la reclutó para su plantilla de entrenadores y estuvo dos años formando a niños de cinco. No le convenció la política del club malacitano y habló con Pepito, el presidente de La Cala CD, el pasado año para fundar la Escuela de los Baby que comenzó con 40 niños y esta temporada ya supera los 70.

Ana explica que antes de que los niños formen parte del club les hace una “dura” entrevista, porque “no solo importa cómo jueguen, sino también cómo se comporten en casa, las notas del cole, la alimentación sana rica en frutas y verduras y con pocos dulces y golosinas para evitar la obesidad”, comenta y añade que ha establecido como norma a los niños el comer una pieza de fruta al finalizar el entrenamiento.

El primer “con-trato” de jugador

Una vez han sellado el trato y entran a formar parte del club los jugadores empiezan con el calentamiento, luego pasan a juegos de conducción del balón, chute a portería, juego de la rana para parar balones…eso es lo que suele hacer con los de 4 años. A los 5 ya intenta enseñarles las normas del juego, las faltas, el controlar el balón, el pasarlo a los compañeros…Y siempre acaban con el estiramiento y “las botas en la mano, no se pueden sacar del campo, son sagradas y además así se evita lesiones”.

Ana asegura que la mayor dificulta es la de reeducar en la forma de ser, en la disciplina deportiva y “enseñarles que no son el único”. “Es fundamental la paciencia con ellos, te tienen que querer y te tienen que respetar”.
“Lo más satisfactorio -y se le pone una sonrisa de oreja a oreja- es la sonrisa de un niño. En los momentos malos, cuando estoy con ellos me evado por completo”, afirma. Ana derrocha pasión por “los pulgas”, como ella los llama cariñosamente, porque cuando marcan un gol, cuando aprenden algo nuevo del juego o cuando se comen la mandarina, la miran a ella esperando su aprobación, porque para estos pequeños es mucho más que una entrenadora.

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