Dolce & Gabbana y Fendi dan una lección de difusión a la moda española

El pasado 8 de julio Dolce & Gabbana presentó su colección de Alta Moda en la emblemática Via San Gregorio Armeno de Nápoles. Una propuesta inspirada en la actriz Sophia Loren, a la que entronizaron en un palco de honor ubicado en la Piazza San Gaetano, delante de la Basilica di San Lorenzo Maggiore. La modelos partían de la Basilica di San Paolo Maggiore y cerraban el desfile en las escaleras del templo, en Via dei Tribunali. Los looks, sensuales como la actriz italiana, incorporaban además reconocidas referencias napolitanas. Maradona, Quartieri Spagnoli, el Vesuvio, la ropa tendida, la religiosidad popular o San Gaetanno, patrón de la ciudad, fueron sólo algunos de los elementos que más llamaron la atención de los presentes.

El dúo italiano supo captar la atención de los medios de comunicación sin necesidad de desfilar en la semana de la Haute Couture de París. Un día antes Fendi hacía lo mismo en Roma. Con motivo del aniversario de los 90 años de la fundación de la firma italiana en la Ciudad Eterna, Karl Lagerfeld ideó un desfile sobre las aguas de la Fontana di Trevi. El espectáculo no pudo tener mejor escenario. Belleza y puesta en valor del patrimonio romano gracias a la moda. Y todo ello tras la restauración del monumento, regalo de la familia Fendi. La colección de Alta Costura, titulada “Leyendas y cuentos de hadas”, consiguió crear un halo de romanticismo sutil y delicado que parecía haber sido sacado de una fábula.

Tanto Dolce & Gabbana como Fendi, en Nápoles y Roma respectivamente, son un reflejo de que no hace falta desfilar en París para que la prensa y, en consecuencia, el público, reconozcan la Alta Costura como tal. Y, lo que es más interesante para este planteamiento, que una firma no tiene por qué ser invisible al mundo por no presentar sus colecciones en el centro de la moda. La primera detracción contra esta afirmación vendría a decir que estas dos firmas italianas son sobradamente conocidas y que, por tanto, no necesitan mayor publicidad que la de su propio nombre. De ahí que las colecciones Crucero, como la última de Chanel en La Habana o la de Louis Vuitton en Río de Janeiro, adquieran proyección internacional independientemente de cual sea su escenario. No le falta razón, sin embargo, ¿no existen firmas nacidas o asentadas en España, reconocidas mundialmente, que podía hacer lo mismo en nuestro país?

Son constantes las quejas de nuestros diseñadores por la falta de visibilidad de la moda española. Mas hay que tener en cuenta que el error no sólo está en la gestión de las Fashion Weeks patrias, las propias firmas también tienen parte de culpa. Algunas empresas como DelPozo escogen el camino más rápido: emigrar. Una elección efectiva que afortunadamente no todos los diseñadores pueden asumir –porque si no España se quedaba sin semana de la moda–. Uno de nuestros grandes problemas es que la moda no se traslada a la calle. Los diseñadores muestran sus propuestas en un rincón inaccesible para los medios de comunicación internacionales. El resultado son desfiles descontextualizados, carentes de vida y de personalidad. Aunque las firmas españolas realicen un trabajo brillante, lo máximo a lo que pueden aspirar es a vestir a una celebridad que tenga por estilista a un auténtico investigador.

No hay mayor publicidad para una gran marca que la de hacer un desfile que atraiga la atención del mundo entero. Ya basta de quejarse de que si Madrid o Barcelona no existen como capitales de la moda. Si el desfile de Desigual no transcurriera en la habitual IFEMA y tomara el Paseo de Gracia, o si una atrevida Ágatha Ruiz de la Prada hiciera lo propio en Callao, todo sería diferente. Pero incluso en otras ciudades. ¿No sería maravilloso ver desfilar a David Delfín en el Muelle Uno de Málaga? ¿O a Juana Martín en la Calleja de las Flores, en Córdoba? El problema es que cuando en España se han alejado de la antigua Cibeles o de la 080, parece que se está haciendo un regalo a la ciudad, un obsequito sin transcendencia internacional. Las firmas deben apostar por un fuerte impacto que consiga captar la atención de los medios internacionales y, al mismo tiempo, revolucionar la ciudad que los acoge. En ocasiones la falta de medios por parte de los diseñadores viene a ser el gran hándicap para que se cumpla este sueño. Por eso hay que pensar en este objetivo con ambición y desde una óptica multidisciplinar. Si los italianos pueden, ¿por qué España no?

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Ismael Amaro Martos

Licenciado en Historia del Arte y Máster en Desarrollos Sociales de la Cultura Artística. Investiga sobre diseño de moda, historia del traje y tejidos.

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