Las últimas horas de vida del “Asesino de Almayate”

cuchillosombraEn uno de los artículos publicados en este diario, meses pasado, por el arriba firmante, se trató del tremebundo crimen que realizó en Almayate los hermanos Pardo Martín. Si recordáis, queridos lectores (buscar por “Sucesos históricos. 1856, terror en Almayate” en el buscador del diario), los criminales fueron capturados. José Pardo Martín, intuyendo lo que le esperaba, se suicidó (extrañamente) aun estando amarrado con grilletes y cuerdas. Antonio Felipe Pardo Martín no quiso acabar con su vida con tan drástica decisión, pero su destino no iba a ser mejor. La justicia dictaminó que el criminal acabaría su existencia en el garrote vil, ajusticiamiento llevado a cabo el 30 de junio de 1868.

Una de las publicaciones más populares de entonces, “Revista Malagueña”, recibió tres cartas firmadas como G. de V., que narraban exhaustivamente lo que acaeció en torno al reo en sus últimos días de vida. Sin que sepamos qué tipo de relación tenía, tanto con la justicia como con el reo, aunque se percibe que era estrecha, el firmante decidió dejar constancia de esas horas finales del preso.

Primera carta. Vélez Málaga. 28 de junio de 1868.

“Muy Sres. míos: Anoche, a las 10, llegó a esta ciudad el ejecutor de la justicia. Con anticipación había llegado el Alguacil de Casa y Corte, portador de la real Provisión contra Antonio Felipe Pardo.”
“Hoy, a las 11 de la mañana, reunido el tribunal en la cárcel pública, ordenó bajar al reo para notificarle la resolución de la Audiencia de Granada. El reo manifestó que desearía no se le moviese del sillón donde está sujeto con fuertes ligaduras, y añadió que creía conveniente afeitarse antes para recibir dignamente a los jueces. Ambas cosas le fueron concedidas, y a poco subió el tribunal a las habitaciones que ocupa el reo, precisamente contiguas a la capilla, y se le notificó la sentencia, por la cual la Real Audiencia confirmaba el fallo del tribunal inferior y le condenaba a muerte en garrote.”

“Antonio Felipe Pardo palideció un momento; dirigió una triste mirada a los circunstantes, y con el pulso sereno firmó la notificación de la sentencia. A seguida y con voz firme, dijo al juez: no tengo al juez rencor alguno: la ley es la que me castiga; actor o testigo de esos crímenes debía ser castigado.”

“Luego dirigiéndose a mí, me estrechó la mano y me dijo: cuide V. a mi hijo que, merced a las buenas acciones de mi amigo Sr. Posadas, está en Málaga recibiendo educación, y procure V., con sus saludables consejos, separarlo de la senda del crimen. No pude escucharle más; al ver al hombre que días antes tan sin piedad sacrificaba a aquellos inocentes, hablarme de su hijo con tanto interés, y con tan visible quebranto, me hallé profundamente conmovido.”

“Nos despedimos, y al poco rato de habernos marchado pidió el reo que se le sirviera un pollo con tomates, arroz con leche, y cigarros puros, todo lo cual le fue llevado con la mayor brevedad posible”.

“Los Sres. Sacerdotes, Gálvez, Medina, Palma y el Sr. Vicario, estuvieron largo rato conversando con el reo, el cual manifestó con sus respuestas una verdadera contrición cristiana. Pidió más tarde recado de escribir, y me encargó le escribiese tres cartas; una para su hermano, presidiario en Granada, otra para un compañero que tuvo en el presidio de Cartagena, y otra para Antonio Martín, Alcaide de la Cárcel de Motril.”

“Después que hube concluido de escribir esas cartas, las firmó, como había sucedido cuando la sentencia, con pulso sereno.”

“En las dos últimas se concretaba a dar consejos a los compañeros para que se aparten del camino del crimen, y los exhorta a poner su Fe en Dios.”

Es hora de salir el correo y no puedo ser más extenso. Mañana continuaré.

2013-02-14 00:00:00

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.