La historia interminable. El desempleo en Andalucía

inem2Después de comentar en mi último artículo algunas de las peculiaridades de la naturaleza del desempleo español, pudimos conocer a través de la encuesta de Eurostat, correspondiente a 2013, la distribución del paro por Comunidades Autónomas, así como una comparativa con otras zonas del resto del mundo.

El dato a resaltar de ese estudio obviamente es el primer puesto a nivel mundial que ostenta Andalucía a nivel de desempleo con un 36,3%, lógicamente y atendiendo al contexto económico en el que estamos viviendo, la noticia no es que sea nada alentadora, aunque cabe destacar que si analizamos los datos del paro por sectores en el mes de marzo en Andalucía, no todo es tan negro como pudiera parecer: aunque en la agricultura es donde un mayor aumento del desempleo se ha producido, en la construcción, servicios y en menor medida industria se ha creado empleo. A pesar de que el cómputo global es deficitario, si se hace una comparación interanual se puede verificar un descenso del desempleo en relación al mes de marzo del año pasado, además si desestacionalizamos el dato (eliminamos datos que responden a comportamientos estacionales a lo largo de un periodo) se puede afirmar que el paro descendió en una cuantía no vista en los últimos 10 años. Es por eso que a pesar de que las cifras en términos agregados y “en bruto” no son buenas, existen señales de cierta mejoría.

Ahora bien, ese primer puesto mundial que ostenta Andalucía en lo que concierne al desempleo no es fruto de la crisis actual, ya que en las últimas tres décadas la comunidad autónoma ha soportado tasas de paro aproximadamente 10 puntos por encima de la media española. Esta persistencia por tanto no puede responder simplemente a razones coyunturales de la actividad global y tiene su origen en un trasfondo mucho más complejo. Y si bien es cierto que esta situación a priori es realmente insostenible, es paradójico ver que unas cifras laborales tan negativas no hayan contribuido a mayores tensiones de los ciudadanos a lo largo de tantos años y comprobar a su vez como el mismo gobierno ha perpetuado su mandato legislatura tras legislatura (a base de llevar políticas cortoplacistas de captación de votos y blindar así su posición en lugar de favorecer a los andaluces). Para explicar esta incoherencia económica – social a grandes rasgos y sin ánimo de profundizar en ellas se podría recurrir a tres aspectos relevantes: a nivel político la corrupción que a día de hoy se va destapando, a nivel social el peculiar subsidio familiar y finalmente la economía sumergida. Tres elementos que a su vez refuerzan esa posición negativa del sistema laboral andaluz.

Para poder encontrar las respuestas al problema de la economía laboral en Andalucía hay que comenzar el análisis con cierta base y así es deber comprobar qué tipo de comportamiento ha tenido la tasa de desempleo en Andalucía a lo largo de estos últimos treinta años y cotejarlo con la evolución del resto de España. Pero para no caer en la trampa de comparar zonas con circunstancias económicas y sociales realmente diferentes introduciremos un elemento relevante como es la tasa natural de desempleo, es decir, toda región alcanza su pleno empleo en un valor positivo de la tasa de paro y esto se debe a razones tan obvias como que en todo momento existen cambios de trabajo, despidos, movilidad geográfica, etc. Una forma de estimar este valor es usando la NAIRU que es la tasa de empleo no aceleradora de inflación (tasa de desempleo mínima para que una región tenga un crecimiento sostenible, por debajo de ese valor aparece la inflación). Con estos conceptos claros, se observa que la NAIRU de Andalucía ha estado siempre alrededor del 20%-30% según el momento y en el resto de España aproximadamente entre el 13% y 20%, por tanto podemos deducir que en Andalucía el equilibro del empleo está en valores muy por encima de la media de España y que no han existido desviaciones atípicas en todo este tiempo ya que el comportamiento ha ido en consonancia con el territorio español.

Sabiendo esta información, podemos inducir que el desempleo tan elevado (muy por encima del promedio español) y persistente en territorio andaluz fundamenta su origen en elementos de estructura.

Uno de ellos recae en la población activa. En Andalucía el crecimiento de la población ha sido superior al resto del territorio nacional y por ende el incremento de la población activa también, ahogando los incrementos de empleo que haya podido tener. Además hay que atender a la composición de esta población ya que existe un elevado porcentaje con un nivel de estudios menor que el promedio en el resto de España y aunque esa diferencia se va reduciendo la muestra es todavía relevante.

Esta población activa ocupa principalmente dos sectores como son la agricultura (va reduciéndose) y el de servicios con gran peso en el turismo. El primer sector mencionado ha sido históricamente el sector con más importancia, sin embargo se ha caracterizado también por tasas de empleo negativas; con respecto al turismo, la creación de empleo es patente, así como su carácter estacional. La elevada temporalidad de ambos sectores unidos genera una elevada volatilidad en el crecimiento de empleo, si añadimos el fuerte impulso del sector de la construcción que hubo en su momento, tenemos un motor de empleo que en líneas generales no aporta gran valor añadido, poco productivo y que no requiere de gran formación; estas razones incitan a la población a cerrar su periplo de educación prematuramente, dejando su formación en un estado precario. Por tanto una masa laboral con muy poca cualificación y sin una política activa de formación que asigne eficientemente recursos para crear capital humano es difícil que pueda redistribuirse en nuevos sectores y por ende desarrollar nuevos motores económicos en Andalucía.

Y en este contexto funciona una rígida legislación laboral común a nivel nacional que fomenta la divergencia del desempleo andaluz con el resto de España. Esto es así, porque con una numerosa fuerza laboral poco formada, sumado al colectivo de jóvenes formados pero sin experiencia, Andalucía queda expuesta a cualquier aumento de los costes salariales ya que es la clase trabajadora menos formada y los jóvenes los más vulnerables al desempleo (por ejemplo sube el salario mínimo interprofesional). Se debería reconsiderar una legislación laboral más flexible para que las empresas puedan adaptarse a las circunstancias tanto geográficas como de ciclo económico. Mencionar este argumento pudiera ser poco popular porque podría inducir a una mayor precariedad en algunos casos, pero hay que tener en cuenta que si existe una gran cantidad de trabajadores poco cualificados y jóvenes (que por experiencia) cuya productividad está a la par de lo que se corresponde al salario mínimo profesional, las empresas pueden optar por no contratarlos escogiendo gente sobre cualificada u optando por sobrecarga laboral entre otras medidas. Por tanto se debe fomentar que los costes laborales funcionen de tal manera que favorezcan el aumento de la productividad del trabajador y evitar casos como en Andalucía donde la productividad en relación a los costes laborales ha caído con respecto a la media española.

Siguiendo la línea de estos costes, es importante centrarse también en la dispersión salarial (diferencia entre la ganancia salarial de los trabajadores poco cualificados y aquellos con mayor nivel educativo) dentro de Andalucía, que es menor que la media española. Esta situación en un panorama de avance tecnológico como es el actual favorece la inserción laboral de los trabajadores más dinámicos en su formación, destruyendo puestos de trabajo en niveles de capacitación más bajos (salvo ajustes de salarios, que como hemos comentado es complicado por la rigidez laboral, aunque actualmente poco a poco va cambiando el panorama).

En consecuencia al rígido mercado laboral, Andalucía (también en el resto de España aunque en menor medida) presenta mecanismos de histéresis (el desempleo generado por shocks negativos de la actividad económica no vuelve a su estado original tras el periodo de perturbación) lo que se traduce en una menor sensibilidad del desempleo andaluz a los ciclos económicos y por ende a una menor capacidad de creación de empleo en periodos alcistas. Esto, unido a problemas de eficiencia en la posterior reasignación de la población activa tras un periodo de recesión (causados posiblemente por un aumento en la duración del desempleo, insuficiente formación tras periodos de inactividad, incremento brusco de los requisitos a una masa laboral en su mayoría poco formada, necesidad formativa ante el avance tecnológico, escasa movilidad geográfica de los trabajadores, etc.) da lugar a incrementos de vacantes laborales y a su vez del desempleo, es decir, desajustes permanentes entre la oferta y demanda que responde a un grave problema de estructura, que hacen insuficientes los incrementos de la oferta laboral mediante políticas de demanda (políticas expansivas monetarias y fiscales para favorecer la creación de empleo)

Hasta aquí queda claro que un entorno económico basado en sectores de escaso valor añadido, muy expuestos a situaciones de crisis, de elevada temporalidad, con poca necesidad formativa y salarios no dispares con respecto a los de trabajadores más cualificados, da lugar a una población activa muy poco formada y muy vulnerable a ciclos recesivos. A su vez el avance tecnológico crea empleo para trabajadores más formados y lo destruye en el sector de la población con menor educación y más si los salarios no sufren un ajuste a la baja debido a una legislación laboral rígida que no atiende a las circunstancias de cada región. El escaso movimiento demográfico en la región (debido a una relación negativa entre los gastos necesarios para el nuevo destino y los ingresos percibidos) no ayuda a redistribuir el paro hacia zonas con mayor capacidad de absorción del empleo. A su vez, factores como el subsidio familiar y la economía sumergida consolidan un problema estructural de gran envergadura.

Andalucía a día de hoy requiere de tasas de crecimiento superiores a la media española para generar empleo según la ley de Okun, sin embargo la solución no radica en esperar al susodicho crecimiento mediante políticas fiscales y monetarias únicamente (crearíamos empleo sobre el mismo terreno fangoso), más bien hay que buscar la salida en la creación de un marco laboral más flexible (se está haciendo), en desarrollar nuevos sectores como pudiera ser las energías renovables y otros donde el I+D sea el principal instrumento, en favorecer la creación de empresas, en la formación del sector poblacional con menor educación para su reinserción, promover los movimientos demográficos dentro del territorio andaluz o nacional si es necesario, hay que promover una formación empresarial para los jóvenes más eficaz y controlada… pero para ello, los fondos hay que destinarlos al fin para los que se crearon, es decir, no solo hay que acometer políticas de estructura y de demanda, también de transparencia y anti corrupción como piedra angular de un nuevo proyecto.

Alejandro García-Ortega Morales: licenciado en Economía y con dos maestrías en fiscalidad y MBA. He trabajado como asesor financiero y como gestor comercial de empresas.

 

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