La Copa de las finas esencias

coparey14La máxima expresión del baloncesto español se erigió durante cuatro días por una costa, que a pesar de que no hiciera honor a su apelativo tradicional, no relegó el espectáculo a un sentimiento efímero y vulgar. Se sintió, posiblemente no tanto como se deseaba fuera de las canchas por las inclementes vicisitudes del tiempo, pero dentro de ellas, las contiendas brillaron por todo lo alto con aficiones entregadas completamente a sus equipos.

Como si de las rebajas de enero se tratara. la ACB abre el escaparate de sus mejores productos para esos foráneos ávidos de conseguir ese brillante a precio de bisutería. Observan, apuntan, llaman y cotejan datos, mientras los equipos se baten con el rugido de fondo de sus incondicionales. Así funciona uno de los modelos de competición más envidiados más allá de nuestras fronteras, un vergel en un desierto con un crecimiento tristemente inexorable.

Y brillantes se pudieron ver, aunque uno tuviera que permanecer con la mirada, sin apenas pestañear, fija en el parqué, porque realmente brillaron como estrellas fugaces ante los dos agujeros negros que emergieron a la ribera del Guadalhorce. Absorbieron todo aquello que tuvo la osadía de orbitar por sus alrededores dejando en esa nada insondable todo ese sudor, esfuerzo, complicidad colectiva, ese abrazo, ese grito de apoyo, de frustración, todo… Así son actualmente los dos estandartes del baloncesto español: el Real Madrid y el Barcelona. Y en torno a ellos, esas estrellas fugaces que dejaron tras de sí el deseo insatisfecho de todos los aficionados por ver esas posibles figuras alcanzando el Olimpo:

• Walter Tavares es un auténtico coloso cincelado en las islas del sur y que, mientras las lesiones le respeten, puede ser un objeto fetiche del mercado norteamericano.

• Giorgi Shermadini, otro gigante que ha pasado de la irrelevancia en el Maccabi a ganar dos Euroligas con el Olympiacos y ahora domina los aros de nuestra competición.

• MIndaugas Kuzminskas, un alero cuyo periodo de aclimatación se está prolongando demasiado aunque también era previsible ya que su equipo, el Unicaja, se encuentra en una profunda reconstrucción y en una búsqueda desesperada del Grial.

• Zoran Dragic se ha erigido, para sorpresa de la afición malagueña, en una pieza clave en los esquemas de Plaza. Un volcán que entra en su frenesí de actividad cuando la amenaza del ostracismo merodeaba en el presente y futuro del esloveno al inicio de de temporada.

• Mi curiosidad por este jugador se debe al precedente acontecido en tierras americanas cuando el año 2012 daba paso a la segunda mitad de una reducida NBA por el lockout; su hermano Goran, se ganaba la confianza de McHale en los Rockets y le permitía convertirse en la estrella de los Phoenix en la temporada siguiente. Es por eso que mi atención no deja de centrarse en el hermano pequeño, como si observara unas ascuas que brillan dejando entrever un fulgor que amenaza con devorarlo todo; la remota posibilidad de compartir los mismos genes competitivos, me inquieta…

Esta es la verdadera esencia de este torneo, la búsqueda de un nuevo capitán de este deporte, el mesías del espectáculo, el morbo de no saber donde se encuentra, cuándo y dónde aparecerá. Pero este año, los jóvenes adalides han quedado en un segundo plano y por ende ese sentimiento de catarsis cuando un grande de este deporte sucumbe ante la heroica de un equipo emergente, que sueña con transgredir las normas de la lógica, visionarios de un futuro diferente.

Así, Real Madrid y Barcelona dejaron por el camino a todos esos revolucionarios, mitigaron todo atisbo de sorpresa y dejaron la copa en un torneo sin ese sentimiento tan especial. No pudieron con ellos y las razones se encuentran en diferentes fuentes:

• Unicaja porque a día de hoy en un equipo en construcción y es importante dar un voto de confianza a un proyecto que está sentando las bases de su identidad en varios jugadores jóvenes con ansia de victorias. La clave es la paciencia y una gestión sutil y sin prisas.

• Valencia porque a pesar de su crecimiento y de ser un proyecto declarado y consolidado, aun no ha encontrado ese líder que dé cabeza y temple en la cancha. Si antes era el entrenador cuando en el 2003 se podía ver a excelsos jugadores como Rigaudeu, Tomasevic, Abbio, Oberto y Dikoudis, ahora es la falta de un líder natural con el balón en las manos.

• Baskonia porque no puede, las lesiones, ciertos fichajes de bazar y un entrenador de talento caducado, impiden, a pesar de los esfuerzos de Nocioni, que el equipo de Vitoria esté donde años atrás era su hogar, la élite.

• CAI e Iberostar por lo que son, poco más pudieron hacer. Pero sorprende el CAI, es un proyecto serio y sus fichajes van por la senda correcta: una posible venta de Shermadini y la recuperación de Norel es un movimiento sugestivo. En cuanto al Iberostar se desprendió de su estrella Sekulic rumbo al Fenerbahçe unos días antes de la Copa y con eso queda listo para capitular

Y así llegamos a la gran final esperada y vaticinada por la gran mayoría de aficionados, porque independientemente de los presupuestos, estos equipos gozan de algo que pocos tienen en Europa y que les permite dominar a rivales más poderosos económicamente… solidez, compañerismo, competitividad, estabilidad… son palabras claves que nos acercan a esta paradoja. Un partido con un concierto “allegro” de silbato como principal partitura impedía que estos contendientes se embistieran continuamente como olas ante un acantilado. Un alarde pasional de juego táctico que nos deja esa sensación de “deja vu” con respecto a otros partidos entre estos dos equipos, pero que sin embargo nos gusta. Por tanto, partido trabado, tenso y contenido, es el terreno del Barcelona y siempre juegan en esos parajes porque el ciclón madrileño, cuando arrecia, no hay quien lo pare.

Sin embargo, esta final con cierto sabor agridulce, nos dejaba una pequeña perla de tan magna intensidad que pudiera ser calificada no apta para humanos. Esos últimos segundos que condensaron múltiples sentimientos:

El alzamiento de un jugador barcelonista otrora repudiado por el equipo de la capital, Oleson; un sentimiento de frustración del considerado mejor base de Europa tras pérdida a falta de pocos segundos, Sergio Rodríguez y finalmente una canasta a cuatro décimas de un jugador eternamente señalado por ser un falso líder, por su avaricia con el balón, por su rebeldía ante las jugadas finales de Pablo Laso y su torpeza para finalizar esas jugadas cruciales en el devenir de su equipo. Tantos tiros errados, tantas veces señalado y el destino le regala este momento divino, mientras, una estrella a nivel mundial, líder del Barcelona queda cuestionado por su sometimiento ante la defensa rival, un jugador que venía de liderar a su equipo en los partidos previos a la Copa.

Y esta es la Copa del Rey, una competición que nunca deja vacío al espectador, un torneo que siempre tiene algo que mostrar. Por mi parte, me dejó un sentimiento agridulce: esa retransmisiones tan nocivas para el espectáculo, el abismo entre Real Madrid y Barcelona y el resto de equipos españoles es demasiado grande y los árbitros, que se empeñan en ser tan correctos pitando todo, que no se dan cuenta que allá por Europa nuestros equipos sufrirán ante el físico de los grandes y la permisividad arbitral, que le pregunten al Madrid…

Aunque puedo ser indulgente con esta sensación porque recibí un minuto espectacular, digno de ser recordado.

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