La Araña teje su propia historia

yacimiento¿Se imagina un libro, escrito en las entrañas de la tierra y a lo largo de miles de años, que fuera capaz de poner en orden a los ojos del hombre moderno los detalles de esa historia desconocida pero vital para avanzar en el origen de la especie? Es el sueño de los arqueólogos, que acarician el trabajo en estas joyas en forma de yacimiento pero de las que apenas existen un puñado de referencias en Europa.

En Málaga, por ejemplo, hay excavaciones de cierta importancia en Paleolítico Superior (Nerja), Neandertal (Zafarraya) y otras etapas de la Prehistoria en Ardales o en el Bajondillo (Torremolinos), pero el relato cronológico de la evolución humana en un mismo espacio roza la categoría de lo inédito. Al menos por el momento, porque en el yacimiento de La Araña sí existe ese espacio ideal en el que poder contar la historia ordenada a través de los restos y de los sedimentos acumulados durante miles de años.

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«Cuando salga a la luz será un hito». Lo advierte con la solemnidad del que se sabe ante un descubrimiento de primer orden Julián Ramos, el arqueólogo responsable de los trabajos en el yacimiento, por cuyos límites pasan a diario miles de coches. Quizás, en el trasiego cotidiano, muchos no reparen en este pequeño rincón de la historia que se alza justo al lado de la Fábrica del Cemento, pero las excavaciones en La Araña aún tienen mucha tela por tejer. O capítulos por escribir, según se mire. El próximo está a las puertas, y en él medio centenar de especialistas de todas las áreas (arqueólogos, geólogos, antropólogos e incluso estudiantes) sacarán a la luz el devenir de la evolución humana con un margen de error cronológico casi nulo, un dato importante si se tiene en cuenta que con la perspectiva de miles de años es posible que, a veces, bailen unos cientos.

En concreto, el equipo que dirige Ramos se dispone a poner el foco sobre la extraordinaria vitalidad de un enclave que el especialista califica de «ideal» para las diferentes colonias de pobladores. Porque antes de que aficionados a la escalada y excursionistas más o menos cuidadosos ocuparan parte de esta zona limítrofe con el Arroyo Totalán, sus antepasados ya supieron valorar las bondades de esta parte del litoral mediterráneo. En primer lugar, por el clima, con unas condiciones ideales de vida «que no les obligaban a abandonar los asentamientos en caso de glaciación, como sí ocurría en Centroeuropa» –observa Ramos–; en segundo lugar por la abundancia de recursos, tanto en caza como en pesca y, por último, por la confortabilidad general de un hábitat que además escondía grandes cantidades de sílex, el material base para las herramientas.

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