El sueño español o el sueño pequeñoburgués

niñodurmiendoMe despierto por mí mismo y aprovecho para apagar el despertador y así evitar despertar a mi mujer, que duerme plácidamente junto a mí, me calzo las zapatillas de correr y salgo a la calle, todavía no ha amanecido pero ya clarea el alba, el aire huele a húmedo y la brisa fresca me provoca un escalofrío.

Empiezo a trotar, los músculos se desperezan, los pulmones se inflan de aire puro, el corazón toca un acompasado solo de batería.

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Durante el desayuno con mi pequeña familia planificamos la logística del día. Llevo a mi mujer y mi hijo al colegio, nos besamos y nos deseamos buenos días mutuamente. El alma se me hincha de una emoción conocida, es el amor que siento hacia esas dos personas que me dicen adiós con las manos, como casi siempre después de esta sensación tengo miedo de perderles. Ahuyento el miedo con un movimiento de cabeza y una sonrisa de autoconsideración.

Inmerso en el tráfico de la ciudad voy preparando mi espíritu para la nueva jornada laboral, en mi rostro se dibuja una sonrisa muy distinta de la anterior, me encanta mi trabajo, disfruto vcada momento, incluso cuando las prisas nos hacen trabajar contra el reloj y agudizamos el ingenio.

Me gusta ser preciso, acertar con el concepto sin exagerar con los adjetivos; desmenuzar la realidad, analizar las actitudes humanas con buena fe, sin situarme por encima del bien y del mal. Privilegiando el reflejo fidedigno de la realidad, divulgándola, ofreciéndola a la opinión pública sin adiciones ni omisiones susceptibles de tergiversarla, maquillarla, falsearla en definitiva. Quiero pensar que colaboro en la mejora de mi país, de mi mundo, del mundo tal vez.

Terminada la jornada, mi pequeño en su cama, su curiosidad insaciable satisfecha sólo a medias ¿Por qué se le ocurren todas las preguntas a la hora de acostarse?, su madre y yo cenamos juntos relatándonos nuestras actividades cotidianas. La comida es sencilla, pero casera y apetitosa, preparada con esmero para restaurar el estomago, pero también los sentidos.
Ha sido un buen día, estamos sanos, tenemos empleo, hace poco disfrutamos de unas cortas vacaciones en Portugal, nos prometemos volver pronto, algunos días más, a un hotel mejor, con mayor presupuesto, nos prometemos ser felices, hacernos felices mutuamente, siempre, para siempre.

Quiero envejecer junto a esta mujer, ver crecer a nuestro hijo. Darle a él una buena educación criar un ciudadano honesto y responsable; alegre y buen amigo; culto y capaz, llegar a ver su descendencia, malcriar un poco a sus hijos, mis nietos.

Y un día partir sin reproches, sin angustias, dejando una vida plena y un recuerdo amable…suena el despertador, no quería oír su timbre, no quería despertar, me gustaba el sueño que soñaba. Ya estoy despierto y la realidad me gusta mucho menos.

Comienza un nuevo día que será muy distinto a mi sueño ¿Volveré a encontrar trabajo? ¿Podrán mis hijos sentirse orgullosos de su padre?

Por mí no va a quedar.

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Periodista con más de siete años de experiencia en medios y comunicación institucional en Málaga y Rincón de la Victoria. Co-fundadora de La Voz de Hoy en septiembre de 2012 con el objetivo de dar un espacio de información, opinión y participación a la ciudadanía. Sin periodismo no hay democracia.

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