El primer Rey Mago del pueblo

primerreymagoHace cincuenta años, en un pueblo de la Axarquía, llamado Benagalbón decidieron comenzar con la tradición de la cabalgata de Reyes en la tarde noche del 5 de enero. Uno de aquellos tres magos de oriente aún vive hoy: Manuel Domínguez. Con una sonrisa en la boca y brillos en los ojos recuerda aquel día con mucha ilusión, como la de los niños que lo vieron pasar por las calles montado en un caballo.

A sus 84 años recién cumplidos, reconoce que no le importaría volver a ser Rey. Pero los de ahora van en burro y a su edad, sería complicado, bromea. Fue idea del cura de aquel momento el que se comenzara con esta tradición que era un simple desfile con los reyes y sus pajes. No se lanzaban caramelos, ni se daban regalos. Era la llegada de los Magos de oriente a Benagalbón.

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Recuerda como dos jóvenes les disfrazaron a los tres y les colocaron las coronas. “Antoñita la del cura y Antoñita la del maestro me propusieron ser rey y ellas se encargaron de las ropas y de organizarlo todo. Desde entonces, cada año se ha ido mejorando la cabalgata con cosas nuevas, caramelos, regalos, discursos…”.

“Ibamos los tres reyes montados a caballo. Rafael Cortés, Rafael Carrillo y yo. Uno de los animales se desbocó, pisó a mi entonces novia y ahora esposa, y tiró al rey que lo dejó con un brazo escayolado. Eso fue lo único malo de aquella historia”, cuenta Manolo.

El primer rey mago de Benagalbón le pide a los reyes que haya paz, trabajo y cariño. Para los políticos que les traigan “buenos consejos” para hacer las cosas bien. Y para los niños, “todo lo que quieran, porque ellos lo merecen todo”.

El alguacil de Benagalbón

Manolo narra cómo comenzó a trabajar desde los ocho años, recogiendo aceitunas con su padre y más tarde ayudando en la huerta familiar. También trabajó en una panadería y en sus ratos libres era músico. “Tocaba el clarinete y el saxo, pero cuando me puse la dentadura cambié a los platillos y todavía em piden las bandas cuando vienen que les acompañe”, dice muy orgulloso.

Pero la profesión en la que estuvo quince años fue la de alguacil, de la que aún conserva un carnet en su carter, que muestra muy satisfecho. Cuenta que tenía que estar al cuidado de los ciudadanos, pendiente de los papeles administrativos y sobre todo, al cargo de los niños, por los que siente mucho cariño. “Era un cargo complicado y tenía que estar casi todo el día, pero me gustaba mucho. Después me nombraron encargado del suministro de agua y más tarde guardia municipal”. Manolo afirma que llegó a ser un funcionario de la época.

Enamorado de su pueblo, Manolo rechazó una propuesta para hacer carrera tras el servicio militar obligatorio y se vino al lugar donde tiene sus raíces y donde encontró al amor de su vida a la que conoció con 18 años y con la que aún comparte su vida. “Esto es la gloria, aquí nací, me crié y no me quiero mover”, asegura.

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