El futuro de la India pertenece a las mujeres

mujeresindias“Cuando una mujer entra en política, la mujer cambia;
cuando muchas mujeres entran en política, la política cambia”
Michelle Bachelet

Todas las mujeres del planeta están expuestas a la opresión del patriarcado de diferentes formas y en distintos grados. Apenas existen sociedades que escapen de este sistema de poder que sitúa a las mujeres en una posición de subordinación tanto en el terreno social como económico y político.

En la India el sistema patriarcal se sustenta en unas tradiciones y unas prácticas culturales muy arraigadas en la sociedad que la sitúan en el fatídico puesto de cuarto peor país del mundo para nacer mujer, después de Afganistán, la República Democrática del Congo y Pakistán.

La discriminación hacia las niñas y las mujeres se da en todos los ámbitos (educativo, sanitario, económico, político y cultural) a lo largo de todas las etapas vitales, incluso desde antes del nacimiento. Los abortos selectivos en función del sexo, los matrimonios infantiles o la dote, son solo algunos ejemplos de estas tradiciones que atentan contra los derechos humanos de mujeres y niñas.

En las últimas décadas el gobierno indio ha aprobado leyes dirigidas a proteger a las mujeres. Sin embargo, estas leyes no se han acompañado de mecanismos eficaces para su implementación y puesta en marcha.

A pesar de estos logros más formales que reales, las vidas de las mujeres indias no han cambiado significativamente. Las reformas legislativas son fundamentales y pueden suponer avances y mejoras en las condiciones de vida de las mujeres, pero para que se produzca un cambio real es imperativo atacar las raíces del patriarcado a través de una revolución social y cultural dirigida a conseguir una transformación social y un cambio de mentalidades, y esta revolución debe articularse desde la sociedad civil organizada y desde el movimiento de mujeres.

En la India este movimiento empieza a estructurarse en los años veinte, a través de la creación de grupos de mujeres a nivel local con acciones de autoformación y de presencia en el espacio público, hasta entonces coto reservado a los hombres.

Durante el proceso de independencia, el movimiento de mujeres juega un papel destacado y sus principales logros se traducen en la garantía de la igualdad de derechos en la Constitución y en el sufragio universal en una India independiente. Sin embargo, a pesar de dichos logros, el movimiento de mujeres quedará marginado de la arena política, en parte porque algunas activistas entrarán a formar parte del partido del Congreso que recogerá en su agenda algunas de sus demandas.

A finales de los años 70 y principios de los 80 vuelve a resurgir el movimiento de mujeres, esta vez con influencias del feminismo de la segunda ola de Occidente y con un discurso más diverso, plural y crítico con el patriarcado y el modelo de desarrollo basado en la industrialización. En definitiva, el movimiento se caracterizará por estar mejor estructurado, aglutinar más diversidades pero al mismo tiempo por estar más fragmentado.

Esta fragmentación, la poca presencia del movimiento de mujeres en el ámbito rural -en un país donde las mujeres rurales constituyen el 80% de la población femenina-, y el hecho de no haber abordado la discriminación por casta de forma directa son algunos de los retos del feminismo indio que a día de hoy continúan vigentes.

En la India, los movimientos sociales no han sido capaces de movilizar a más mujeres y hombres para presionar al gobierno para que tome medidas dirigidas a eliminar la violencia de género y los feminicidios, a erradicar el analfabetismo e incrementar la participación de las mujeres en el mercado laboral, a erradicar los abortos selectivos en función del sexo y a reducir la mortalidad materna.

Para lograr una transformación social real, el movimiento de mujeres debe articularse en la arena política donde se toman las decisiones y donde se institucionalizan las relaciones de poder. Y por este mismo motivo, es fundamental el fortalecimiento de liderazgos de mujeres y el acceso de mujeres a puestos de toma de decisiones.

Las grandes movilizaciones que ha habido estos últimos meses a raíz de la violación y asesinato de una estudiante en Nueva Delhi, han marcado un punto de inflexión y de no retorno. El gobierno ha tomado medidas urgentes para abordar la violencia hacia las mujeres pero este giro no hubiera sido posible sin la presión social que ha marcado la acción del gobierno. Está en manos de la sociedad civil organizada, pero muy especialmente del movimiento de mujeres, la transformación social y la abolición del patriarcado. Como decía Gandhi “la solución está más en sus manos [la de las mujeres] que en las del hombre. Si la no violencia es la ley de nuestro existir, el futuro pertenece a la mujer”.

Montse Ortiz Moran
Responsable de Género de la Fundación Vicente Ferrer

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