De Rincón a Río de la Plata: Las ‘Brazadas más Solidarias’ de Christian Jongeneel

jongeneelRecréese en la imagen de un río tan ancho, tan inmenso, que más pareciera un mar (o un océano) que una corriente de agua dulce y, usted, se encuentra en medio de él. Mecido por las olas y empujado por la marea y sus variaciones, únicamente ataviado con un bañador y sus horas de entrenamiento, junto con el espíritu y coraje de superación, ha de cruzarlo de un extremo a otro; parece una hazaña imposible o al menos improbable, ¿verdad? Deje ahora de imaginar porque este tipo de gesta es muy (pero que muy) real y, además, para nuestro regocijo contamos en Rincón de la Victoria con un nadador tremendamente habituado a enfrentarse con éxito a retos de tal magnitud.

Hablamos del malagueño (afincado en la localidad) Christian Jongeneel Andérica, un deportista de 39 años que posee un amplio bagaje en lo que a desafíos en mar abierto y que ha formado parte de la Selección Española de Salvamento Acuático. Este nadador, en el agua desde los cinco años, empezó en el mundo de la competición en piscina pero pronto cayó presa de los encantos de las travesías marítimas. Como él mismo asegura, siempre se ha sentido más atraído por superarse a sí mismo que por medirse ante otros contrincantes. En cualquier caso, Jongeneel tiene varios récords en su currículum. Y es que este nadador, entre otras gestas, ha cruzado a nado el Estrecho de Gibraltar (ida y vuelta), el Canal de la Mancha, el Estrecho de Cook (que separa las dos principales islas que conforman Nueva Zelanda), el canal de Santa Catalina en Los Ángeles y el puerto de Colaba, en Bombay; sólo por citar algunos de sus extensos logros deportivos.

Su nuevo e inminente objetivo pasa por recorrer, únicamente impulsado por sus brazos y piernas (sin más ayuda) los 48 kilómetros de agua del Río de la Plata que separan Uruguay (Colonia de Sacramento) de Argentina (Punta Lara; Jongeneel estima que puede tardar en cubrir esta distancia entre 14 y 25 horas). Hoy Christian parte en avión para Sudamérica y, tras un breve período de aclimatación, dispondrá de dos semanas (en las que esperará que las condiciones meteorológicas sean lo más favorables posible) para llevar a cabo una heroicidad que en la actualidad sólo han realizado entre 20 y 25 personas; la cifra varía según la fuente que se consulte (no carece de misticismo esta travesía a nado que, sin lugar a dudas, es la más importante de toda la geografía sudamericana). Sin embargo, este intrépido rinconero de adopción tuvo la cortesía de, en los días previos a su marcha, atender a ‘La voz de hoy’ y charlar con este periódico acerca de su entrenamiento, las dificultades del reto que afronta y su experiencia y vivencias después de toda una vida nadando en mares del ancho mundo.

“Para mí estas travesías son mis vacaciones”
De cerca, las primeras características de Christian que sorprenden a uno son su naturalidad y humildad. Profundamente modesto y amable, este curtido nadador resta importancia a sus récords y éxitos, y asegura que los realiza porque adora viajar y conocer otros lugares y a otras personas, descubrir nuevas culturas. “Para mí estas travesías son mis vacaciones”, apunta Jongeneel con media sonrisa esbozada en los labios. Este malagueño trabaja en la Agencia de Medio Ambiente, también en el Infoca; concretamente, ocupándose de tareas de reforestación. “Durante el año voy ahorrando dinero y de este modo puedo pagarme los desplazamientos hasta estos lugares tan remotos y la logística que acarrea este tipo de travesías”, añade el deportista que, como él mismo indica, no cuenta con patrocinadores ni se embolsa ninguna retribución económica por la consecución de sus retos.

Lo que sí tienen estos desafíos a nado es una amplia vertiente solidaria, ya que Jongeneel está fuertemente vinculado con la esfera del activismo y la cooperación. En 2010 puso en marcha la ONG (Organización No Gubernamental) Brazadas Solidarias, que organiza travesías en Rincón (el pasado verano), el puerto de Málaga (a principios de este año), Huelva o Motril, por enumerar algunas. En ellas los participantes pagan una pequeña cantidad de dinero para inscribirse. Todo lo recaudado, tanto en dichas travesías como en las gestas de Christian, va íntegramente destinado a la Fundación Vicente Ferrer. Con los fondos obtenidos hasta la fecha ya se han podido construir seis casas y un colegio para la tribu de los Chenchus en India, y ahora se intenta conseguir el dinero necesario para edificar también un centro comunitario.

“En Brazadas Solidarias queremos dar a conocer estas iniciativas que se están llevando a cabo para ayudar a los demás, tratamos de unir el mundo del deporte con la esfera de la cooperación, que haya un trasvase de personas de uno a otro”, explica el malagueño, al que siempre le gusta decir, “es posible echar una mano a causas buenas sin ser uno famoso ni atleta de élite, los pequeños granitos de arena solidarios aportados entre todos al final crean una bonita playa; esta es la filosofía de trabajo en Brazadas Solidarias”. Si quiere aportar su ‘granito de arena’ en esta labor de ayuda, a continuación tiene a su disposición un enlace electrónico que conduce a la página web habilitada por la ONG para esta travesía en Río de la Plata. Ahí puede informarse con detalle del funcionamiento y los proyectos de Brazadas Solidarias, y contribuir con su apoyo si lo desea.
-> http://goteo.org/project/2244f783693edf2ea6afb8acbd4aacaf?lang=en
-> Y aquí un vídeo promocional de la campaña: https://vimeo.com/85299555

Respecto a su entrenamiento diario, Christian Jongeneel no oculta la dureza del mismo. El deportista afirma que trata de mantenerse todo el año en un estado de forma óptimo, listo para saltar al agua en cualquier momento. Consciente de la dificultad de este propósito, el malagueño cada día nada (tanto en las playas de Rincón como en piscina cubierta, en invierno frecuenta más ésta última debido al menor número de horas de luz solar) cerca de dos horas por la mañana y otro par por la tarde, lo que supone unos aproximadamente 12 kilómetros a la jornada. Asimismo, cuando se aproxima la fecha de un desafío, como ocurre ahora, incrementa su carga de esfuerzo a tres horas de entrenamiento matinales y otras tantas vespertinas, llegando a cubrir distancias de 26 kilómetros al día. Resulta adecuado precisar que el cansancio se acumula y con el tiempo esta exigencia cotidiana a la hora de nadar pasa factura, dificultando todavía más las sesiones. “Me levanto, entreno, voy al trabajo y al salir de él vuelvo a entrenarme”, explica Christian.

“El mar es un ser vivo”
El hecho de que la travesía se desarrolle en el mar dificulta mucho la operativa de la misma, ya que parte importante del éxito final de la misma depende de que confluyan las condiciones meteorológicas propicias para hacer frente a la aventura. “El mar es un ser vivo y jamás tienes la certeza al cien por cien de que el tiempo y las corrientes te van a respetar”, comenta Jongeneel, que también puntualiza al respecto, “por ejemplo, en línea recta la distancia que nadaré en Río de la Plata es de 48 kilómetros, pero uno siempre ha de mentalizarse, ha de valorar una horquilla más amplia, de que hará más recorrido en el agua, debido a que las corrientes no te permiten ir recto, sino que te desvían y retienen, por lo que hay que corregir continuamente el rumbo”. Estas adversidades obligan al deportista a prepararse física y mentalmente: “Obviamente, tengo que estar preparado para permanecer todo el tiempo en el agua, realizando además un esfuerzo tan continuado”. El malagueño afincado en Rincón precisa al respecto: “Intento mantenerme concentrado, pensando en el ahora; me digo que lo importante es el aquí y el ahora, el ritmo y la frecuencia, esta brazada y ésta y ésta… Los pensamientos positivos me ayudan a vencer la soledad de esos momentos de exigencia máxima”.

Y es que acaban por ser muchas las horas dentro del mar. Según cuenta el mismo Christian, cada media hora o 45 minutos se detiene (apenas unos instantes para que la marea no le desplace demasiado) y entonces bebe un poco y come algo. Desde una de las barcas de apoyo (han de ir dos con él, una con los equipos de radio y comunicación y otra para socorrerle en caso de que ocurra cualquier contratiempo) le arrojan los víveres de forma periódica.

Tras una travesía, Jongeneel sigue un proceso de recuperación activa
Las reglas para llevar a cabo este tipo de retos son muy estrictas. Alguien debe ir en una de las embarcaciones atestiguando que el nadador no recibe ninguna prebenda ni se agarra al bote para descansar. Por si todo lo anterior pudiera parecer poco sacrificio, el malagueño realiza sus travesías equipado únicamente con un bañador y prescinde del traje de neopreno, que le aislaría térmicamente y le facilitaría la flotación. Christian asegura que lo hace para experimentar las sensaciones que vivieron los primeros nadadores, los héroes que le precedieron en estas gestas deportivas: “Sigues la tradición, te encuentras en las mismas condiciones que ellos en sus días”, argumenta.

Preguntado con curiosidad acerca del proceso y las fases de recuperación que sigue después de haber conquistado un reto de esta magnitud (Canal de la Mancha, Estrecho de Cook o de Gibraltar…), el deportista dice que opta por un modo activo de recobrar la forma, por lo que el mismo día siguiente a la travesía ya procura nadar un poco y así descargar la musculatura. Por supuesto, come y descansa para reponerse del esfuerzo. Como anécdota peculiar, Jongeneel comenta que cuando se disponía a cruzar el Canal de la Mancha el tiempo le obligó a retrasar la salida hasta el último día que tenía de vacaciones (antes la meteorología no había dado tregua) y que, 24 horas después, se encontraba trabajando de nuevo en Málaga. “Aquello fue surrealista”, bromea ahora al recordar ese pasaje.

Tras la extensa charla mantenida con el malagueño y todas las puntualizaciones y especificaciones acerca de sus travesías que ha comentado a este periódico, el nadador Christian Jongeneel resalta como principal aliciente de los retos en los que con asiduidad mide sus fuerzas la cantidad de experiencias vitales que surgen en estos viajes, lo que aprende y el mundo que llega a ver, junto con la posibilidad de ayudar en causas justas y solidarias. Y, después de esas reveladoras palabras, este malagueño afincado en la localidad se despide de ‘La voz de hoy’ y se aleja caminando por las calles de Rincón de la Victoria con paso tranquilo, con gesto sonriente, como si no fuese a enfrentarse en cuestión de días a una experiencia que roza lo sobrehumano… Y tal vez sean esa sencillez, esa humildad y esa ilusión por la vida las que hacen de él un deportista extraordinario. Suerte, Christian, mucha suerte en las aguas de Río de la Plata. ¡Buena travesía!

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