De cabeza

decabeza2Ya somos más los que estamos indignados. Esta palabra se puso de moda a raíz de unas acciones reivindicativas relacionadas con la recesión en la que hace poco nos metimos. Casi nadie esperábamos en España que nuestro país, anteriormente alardeando de tener la consistencia más superlativa, pudiera llegar a caer en picado y a no tocar aún fondo; si no que se lo digan al director de las sucursales bancarias que no daba explicaciones completas sobre el riesgo del metal de los pobres ahorradores.

Más que pobres fuimos tontos, pues ante la falsa pujanza todos teníamos que haber actuado de la misma manera: comprando inmuebles a diestro y siniestro con préstamos bancarios concedidos de la forma más fácil y casi obligados por la parienta o por los suegros –me comentaba Ángel en la barra de un bar- por lo menos hubiéramos disfrutado de lo lindo de nuestro chalecito o seríamos la envidia cochina de nuestros enemigos al vernos en ese flamante cochazo. ¡Pobres de nosotros! Han jugado con nuestros ahorros. En este país antes se premiaba a los ahorradores, promovían campañas a favor del ahorro,… ahora todo es consumir haga o no haga falta. (Se quedó pensativo ante el dilema que había presentado: guardar teniendo-gastar sin tener).

Ángel es abuelo precoz de dos preciosidades aunque no ha llegado a jubilarse. Se le nota cansado pues sin ser obeso comenta que tantas horas en la obra le están haciendo mella. Hasta duda si llegará a la jubilación. ¡Vaya veranito que nos hemos tirado con tan altas temperaturas, de siete de la mañana a tres de la tarde! –apostilla- por eso te digo que toda la vida guardando para tener una casa mejor y un pedacito de tierra para entretenerme cuando me jubile… y todo se va a la mierda –el codo en la madera del mostrador le sirve de apoyo para alzar su mano y con sus dedos peinarse e intentar poner orden en los cuatro pelos sin rumbo de su cabeza – ¡que no puede ser hombre!

Otra cabeza está saliendo en la televisión. Ésta es ahora erguida y más poblada, y con un peinado engominado de media raya que busca ser ejemplo mediático de todos los chavales. Otro que está indignado. Como todos, parece que busca un aumento de sueldo, o quizás que no le han dado un premio que cree se merecía, o que ha tenido unas críticas no tan buenas en sus primeras actuaciones. Se le ve triste. ¡Pobrecito! (Los ricos también lloran). Seguro que más de media España está pendiente del asunto y ya casi todos, excepto los damnificados, se habrán olvidado del incendio de nuestra Costa del Sol. Así nos va. Parece ser que lo que necesita este “humilde” y no chulesco ni creído personaje es más carantoñas de sus compañeros, de los aficionados,… que se endiose aún más.

Entre uno y otro hay una diferencia abismal de millones de euros, pese a la crisis. ¿Cómo se puede salir con éstas con lo que está cayendo? ¿Se busca ser centro de atención? Alguien tiene que parar a estos seres ejemplares e imitables de nuestros niños y jóvenes. Luego se conformarán con salir gratis en algún anuncio de cualquier oenegé. Está visto que para ellos no existe la crisis –se despide Ángel, dejando su euro sobre el mostrador- si yo fuera cristiano no me llamaría Ronaldo.

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