Cuento. Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia

manos2GRATIS

Con un suspiro, Antonio abandona la carretera 340, entra en la Avenida de la Candelaria y enfila hacia su casa, siente como los músculos del cuello se relajan al tiempo que aparece un gesto de preocupación en su cara. ¿Cómo habrá pasado la mañana su mujer? Su débil y delicada mujer…La tristeza se acentúa en su rostro, Son casi las tres de la tarde cuando abre la puerta:

-Dolores, ¿ha venido la “niña” de Bienestar Social?

– Ha venido- murmura Antonio – al tiempo que recoge las bragas y el camisón que la cuidadora ha dejado, como siempre, tirados en el suelo. Recoge las ropas, las toallas que yacen un poco más allá y las mete en la lavadora.

-Sí, si –contesta su mujer desde su silla de ruedas- Vino y me lavó. Menos mal¡Con el calor que hace!

-Ya, pero… ¿Por qué no le dices que no deje la ropa tirada por ahí? ¡Todos los días lo mismo!.

-Pues… es que me da fatiga… ¡Como no le pagamos nada!

-¿Quién ha dicho que no pagamos nada? Yo pago los impuestos que tengo que pagar. Eso me da derecho a un servicio social digno y ella está cobrando de lo que los contribuyentes aportamos al erario..¡ No nos dan nada gratis! Aquí hay una taza y un plato….

-Sí, es que le dije que se preparara un desayuno-

-¿Y no es capaz siquiera de recoger los cacharro?

Malhumorado se pone el delantal y se dispone a preparar la comida.

– ¡A ella la explotan, también! ¡Claro! – piensa- ¡A ella también …!
Pero no es él quién debe pagar los platos rotos…Ni su mujer.
Todo es una…

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.