Condenado a cadena perpetua el asesino de Sergio Retamar

sergioretamarEl teléfono sonó a las tres y media de la madrugada. A María Márquez no le hizo falta responder la llamada. Cogió la foto de la mesita de noche y empezó a gritar «¡mi Sergio!». Tuvo un presentimiento. Algo le había pasado a su hijo. Al rato, una pareja de la Guardia Civil tocó en la puerta de su casa y le entregó un papel con un teléfono en Inglaterra y un nombre escrito. Llamó sin parar durante el resto de la noche a ese número y al de su hijo sin obtener respuesta.

Al día siguiente empezó a llegar su familia. «Todos parecían tener más noticias que yo», dice. Le contaron que Sergio había sufrido un accidente y estaba muy grave. María les pedía a gritos que se lo trajeran para cuidarlo. Su pareja, Fran Segado, le cogió la cara entre sus manos y le dijo la verdad. Había muerto.

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María ha plasmado todo ese dolor en una carta de cinco páginas donde detalla el calvario que sufre desde el 17 de julio de 2012, cuando su único hijo, Sergio Retamar Márquez, un joven de Coín de 23 años, fue asesinado por su compañero de piso en Bournemouth. La misiva tenía un destinatario: el juez Ian Burnett, encargado de dictar sentencia contra el autor confeso del crimen. La madre viajó el domingo a la localidad inglesa acompañada de su pareja, uno de sus hermanos y el abogado para entregársela en mano al magistrado. El fiscal se encargó de leerla.

La familia acudió al juicio con camisetas estampadas con la imagen de su hijo y su foto enmarcada. «Me dejaron entrar a condición de que estuviera callada y quieta. Ha sido muy duro. He tenido que escuchar cosas muy fuertes», cuenta la mujer desde el hotel donde se ha alojado, que pertenece a la misma cadena que en el que trabajaba Sergio de camarero para costearse su estancia y aprender inglés.

El rostro del asesino
En la sala se encontró con el rostro del asesino, Karl Addo, un hombre de 30 años con el que el joven empezó a compartir piso dos meses antes del crimen. «No dejé de mirarlo ni un solo segundo durante el juicio. Quería que me viera, que me mirara». Pero él mantenía los ojos fijos al frente. Solo al final se giró y le sostuvo la mirada: «Aún tengo el cuerpo en tensión de los nervios que me entraron. Sigo odiándolo, no le deseo nada bueno».

En sus delirios esquizoides, Addo creía estar siendo perseguido por un grupo mafioso, y estaba convencido de que Sergio pertenecía a uno de ellos, según declaró al juez. «Ahora sí tiene a una banda detrás. A su madre y a toda la gente que quería a mi hijo», afirma con rabia María. La sentencia, que lo condena a cadena perpetua en un psiquiátrico, aunque revisable dentro de seis años y medio, no le consuela. «¿Y si dentro de unos años creen que está curado y lo sueltan? No dejo de pensar en eso». Pero, sobre todo, porque «nada volverá a compensar la pérdida. Sergio es imposible de reemplazar».

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Victoria Contreras
Periodista con más de siete años de experiencia en medios y comunicación institucional en Málaga y Rincón de la Victoria. Co-fundadora de La Voz de Hoy en septiembre de 2012 con el objetivo de dar un espacio de información, opinión y participación a la ciudadanía. Sin periodismo no hay democracia.

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