Cena con dos idiotas de Rincón

cenaidiotasUn malagueño y un catalán se conocen en Japón y 20 años después siguen siendo amigos y viven en Rincón de la Victoria. ¿Un chiste? ¿Una adivinanza? No, son Ignacio Nacho y Álvaro Carrero, los protagonistas de La cena de los idiotas que se representa en el Teatro Alameda de Málaga de jueves a domingo.

Álvaro ha trabajado como monologuista, guionista y actor. Tiene una amplia trayectoria teatral y casi siempre ha sido en ámbitos relacionados con el humor. Nacho ha realizado numerosos trabajos cinematográficos de “carácter intimista” y ha participado en festivales de todo el mundo, de entre los que ha ganado premios en Arizona y Houston.

Ahora, ambos, además de compartir cartel por larga temporada, se encuentran con la producción de otra obra teatral El sujeto que fue predicado que pretenden estrenar en Málaga y salir de gira por Andalucía.

De momento el público malagueño les ha acogido muy bien en sus primeros días con la comedia La cena de los idiotas y ellos están dispuestos a quedarse todo el tiempo que haga falta para provocar las carcajadas del público boquerón.

El potencial teatral de Málaga

“La obra es un caramelo. Solo con leerla ya te mueres de la risa. Tenía la fama con Josema Yuste en Madrid y ahora la traemos a Málaga actores cien por cien malagueños: Fernando Jiménez, Miguel Zurita, Olga Salut y Dora Gálvez”, explica Álvaro y añade que “se trata también de una apuesta por la ciudad, porque tiene capacidad para tener una obra propia en cartel durante larga temporada”.
“Lo que hemos hecho ha sido adaptar los detalles para acercarla al público malagueño y que conecten. Una de las cosas que perseguimos también es poner en valor que no es necesario que venga gente de fuera para traer un buen trabajo. En Málaga hay talento y es importante que el Teatro Alameda haya querido apostar por ello”, comenta Nacho.
Ambos actores se sienten afortunados por poder trabajar “en casa”. “Es un lujo salir de casa, llegar al trabajo, cambiarte y estar delante del público”, dice Nacho. “Hay gente que prefiere estar en el panorama nacional, yo a esta altura de mi vida muero por ser un artista local”, asegura Álvaro.

El humor como terapia

Su trabajo podría medirse en risas, en carcajadas, en sonoridad. “En la comedia el público te sigue con sus risas en todo momento”, explica Álvaro que “es un reto como actor, es un examen continuo”. Éste catalán es monologuista y reconoce que “cualquier arma humorística te puede servir, pero sin echar por tierra al personaje que representas”.
¿Y si un día estás de bajón? “El humor es terapéutico. Si eres profesional y estás dispuesto a asumir una comedia en cinco minutos encima del escenario esa energía pasa a ser positiva”, explica Nacho. Él, que ha trabajado delante y detrás de las cámaras afirma sentirse más cómodo como director, “aunque se disfruta más delante del público, me produce mucha tensión el momento de subir al escenario, pero sin duda la sensación de la risa, del aplauso, es incomparable”.
Como anécdota por dónde le viene el humor, Álvaro confiesa que siempre ha sido el “graciosete de la familia”. “Cometí la torpeza de hacer en 7º la obra del cole y pasé de ser alguien totalmente desapercibido a que incluso el director hablara algo bueno sobre mí con mis padres”.

“Un regalo”

Álvaro y Nacho afirman encontrarse en un buen momento personal y profesional y consideran “un regalo” el coprotagonizar La cena de los idiotas en el Teatro Alameda, bajo la dirección de Juan José Afonso y el ayudante de dirección Javier Olivas. “Nos conocemos desde que éramos jóvenes y nuestra vida ha pasado por muchos momentos y es espectacular que nuestros caminos hayan llegado a este punto”.
Además, andan inmersos en otros proyectos como la colaboración de Álvaro Carrero en el programa de 101 televisión Living Room y en El Despertador. O la preproducción y postproducción de dos cortometrajes que prepara Ignacio Nacho y el estreno de un tercero en el Festival de Cine de Kosovo.
Dejamos a estos dos amigos y compañeros de escenario que se suban a las tablas, es fin de semana y el público les espera para que despierten sus risas hasta que la mandíbula duela de tanto ejercicio saludable.

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