Cartas a Mario: Generaciones encontradas

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escribiendocartaHoy, mi querido Mario, me gustaría hacer un recorrido comparativo entre las tres generaciones que nos ha tocado vivir: la de nuestros padres, la nuestra propia y la de nuestros hijos. A primera vista tres periodos tan distintos y dispares como es la vida misma.

Ni que decir tiene que la etapa más dura les tocó vivirla a nuestros progenitores. Nacieron y se encontraron, con pocos años, metidos en una guerra cruel, como son todas las guerras. Sin embargo eso les sirvió para hacerse mayores muy pronto, demasiado pronto diría yo, pero también vivieron día a día con las necesidades, el dolor, el hambre y la angustia. Malas compañeras para niños tan pequeños.

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Nosotros lo tuvimos más fácil en ese sentido, no pasamos tantas fatigas, no nos faltaba de nada, ni tampoco sobraba y nos enseñaron ellos que la comida cuesta conseguirla y por lo tanto nada se tiraba, todo estaba bueno. Un trozo de pan con aceite o una jícara de chocolate era suficiente para darte una suculenta merienda.

Hoy corren otros tiempos mi admirado Mario, se tira comida a espuertas en muchos lugares de este incomprensible mundo, mientras a pocos kilómetros en otro país con menos suerte se mueran miles y miles de niños por no tener ese pedazo de pan para llevárselo a la boca.

Y luego la generación de nuestros hijos. La que nosotros hemos tenido que educar, intentado darles lo mejor en estudios, en educación, en preparación para enfrentarse a una vida. Y te sientes, mi querido Mario, como un fracasado total porque les ha tocado vivir la peor época de todas. Por detrás han tenido a dos generaciones trabajando, luchando por conseguir derechos, como la del trabajo. Y ahora gracias a la labor de políticos, empresarios, banqueros y gente de baja calaña que han robado todo lo que han podido, le dejamos en herencia a «nuestros hijos», no a suyos , los de esos indeseables y ladrones nunca han tenido problemas, la peor de todas las situaciones: la desesperanza y el desaliento.

No encuentran nada donde trabajar que tenga relación con lo que han estudiado y para lo que se han preparado. Y luego el sueldo y las condiciones laborales que les está dando. Otras vergüenzas que están dando la vuelta al mundo, a ese mundo donde nuestroS políticos se creen que son un ejemplo a seguir.

Hay diferencias, como verás Mario, entre las tres generaciones que nos ha tocado vivir. Veníamos de una que se dejó la vida por el camino luchando y trabajando, que nos dio más de lo que podía.
Después llegamos nosotros con mejor calidad de vida, sueldos más altos y condiciones de trabajo muy por encima de las que ellos habían tenido. Se luchó en la calle y en el Congreso por alcanzar un modelo digno a un país que llevaba más de treinta años sufriendo condiciones más que precarias en el trabajo.

Y ahora tenemos a una generación preparada, la más preparada de la historia de este singular país. Una generación que puede trabajar en cualquier empresa europea, americana o asiática, pero sin embargo no puede trabajar en su tierra, donde ha nacido, donde ha vivido, ha estudiado y se ha dejado también el dinero, por qué no decirlo, de sus padres, para encontrarse con un gobierno que presume de que tenemos una juventud muy cualificada para trabajar en cualquier parte del mundo.
Digo yo, mi querido Mario, que hay que tener poca vergüenza, que no la tienen, para presumir de algo que es eso una auténtica vergüenza para los que la tenemos. Nunca pensé que te escribiría en estos términos mi buen amigo Mario pero la indignación y la impotencia me han llevado a ello. Un saludo de tu amigo Manuel Gala.

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Periodista con más de siete años de experiencia en medios y comunicación institucional en Málaga y Rincón de la Victoria. Co-fundadora de La Voz de Hoy en septiembre de 2012 con el objetivo de dar un espacio de información, opinión y participación a la ciudadanía. Sin periodismo no hay democracia.

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