Cartas a Mario: El tiempo

escribiendocartaEspero me perdones mi tardanza en contestar a tu carta a pesar de prometerte que lo haría en poco tiempo. Y es precisamente de eso de lo que te quiero hablar hoy mi querido amigo Mario, del tiempo. No sin antes decirte que me alegro de tu mejoría y recordarte aquellas palabras que nos decíamos de chiquillos: “Soy duro como un roble “. Sin duda alguna sigues igual, eras el más fuerte en todos los juegos que compartíamos tanto en el colegio como en nuestro barrio y sigues lo mismo. El tiempo no ha pasado por ti, más bien tú vas pasando por el tiempo lo que me alegra enormemente.

Como te decía me gustaría hablarte de ese tiempo que nos va pasando por encima sin darnos cuenta. Cuando éramos pequeños todo parecía ir lento, demasiado lento diría yo. Aquellas mañanas de invierno a eso de la nueve caminando por calles heladas en busca de nuestra escuela en la calle Ramírez. Después los años de Instituto también se hicieron largos, anodinos y larguísimos. Quizás algo más rápidos los tres años de carrera y el colmo de la lentitud, el despropósito y lo inhumano: la mili o mejor dicho “el servicio militar”.

Ahí sí que no corría ni “mijita” el tiempo, ese tiempo que sin embargo hoy se nos va de las manos pero sin querer decir aquello de que ” cualquier tiempo pasado fue mejor ” o quizás sí, Mario. Quizás nos pongamos de acuerdo en que eran otros tiempos pero que no ha cambiado tanto lo esencial. Sigue habiendo gente que pasa necesidades, gente que no tiene nada, gente cada vez más empobrecida… como ocurría hace cincuenta años y por supuesto gente que vive a todo confort como sin duda ocurría también en aquellos tiempos.

En los años sesenta mi padre podría trabajar cuarenta y cinco horas semanales de forma oficial y otras pocas extra para sacar algún dinero más dentro de aquel salario vergonzoso y humillante. Salario que muchas semanas no llegaba ni a cobrar. Con lo cual no se podía ir a comprar ni el pan, ni la leche o el aceite con el dinero en mano. Te lo apuntaba en una libretilla el dueño de la tienda y tu madre iba a pagar a la semana o dos semanas cuando el “señorito” pagaba. Tu padre me imagino que un tanto de lo mismo. Aquello era generalizado en todos los sectores. El trabajar no te garantizaba que llevaras a casa el dinero a fin de semana. Se pagaba por semanas en aquellos tiempos.

Hoy mi apreciable Mario nuestro hijos están pasándolo como sus abuelos o aún peor. Los que tengan un sueldo puede que cobren a final de cada mes lo que no tengo tan claro es si pueden llegar desahogadamente o no. Ahora no hay libretillas, los alimentos y todos los extras hay que pagarlos e incluso por adelantado algunos de ellos como si tienes que sacar un billete de tren o una entrada para un espectáculo.

Me temo Mario que los sueldos han vuelto a su sitio, a donde les interesa a los empresarios y a unos políticos que sólo se preocupan de “sus sueldos “, sí en plural para que no les falte de nada. Qué más le da a ellos que un ciudadano español con una o varias carreras gane ochocientos o novecientos euros, o un desempleado gane cuatrocientos o cero euros. Ese no es su problema Mario.

Su problema es seguir con esta situación el máximo tiempo posible y que ése que tiene dos carreras o el que no tiene ninguna viva como hace sesenta años: trabajando horas y horas y pasándosele la vida entre los dedos y preguntándose: ¿Por qué me ha tocado vivir a mí en este maldito tiempo? ¿O por qué tengo jefes que ganan tres o cuatro veces más que yo? El sistema no cambia. El tiempo tampoco. Nosotros hemos tenido más suerte mi querido amigo Mario. El tiempo, ese que pasa y pasa, nos trató mucho mejor.

Un abrazo de tu amigo Manuel Gala.

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