Cartas a Mario: Aquella infancia perdida

escribiendocarta

escribiendocartaRecuerdas aquellos años, amigo Mario, cuando apenas teníamos seis o siete años. Cuando la escuela y la calle eran nuestra segunda casa. Cuando todo giraba alrededor del juego, de la imaginación.

¡Aquello sí que era reciclar! Palabra muy de moda hoy en día. Todo, absolutamente todo, pasaba por hacer algo a partir de otro algo que ya no iba a servir, que estaba allí tirado. Aquellos monopatines de trozos de madera y cuya ruedas eran cojinetes de camiones que le pedíamos al maestro de cualquier taller de mecánica, o aquellas muletas de torear con palos de escobas viejas y guiñapos tirados en las cunetas, o aquellas raquetas de madera maciza de algún palier por allí arrumbado. Y todo pura imaginación para imitar a los ídolos de aquellos tiempos: Santana, El Cordobés… no había dinero para comprar de nada, ni falta que hacía. No teníamos nada más que ir al colegio, quedar con los amigachos y pensar qué había que hacer ese y todos los días del año. Bueno los domingos era distinto. Te lavaban, te ponían ropa limpia y a misa. Ahí no nos dejaban pensar, ¿verdad Mario?

Publicidad

Eran otros tiempos mi querido amigo Mario, no como los de hoy donde la infancia casi no existe. Los niños van al colegio pero luego todo está muy programado o se lo dan hecho. Nosotros disfrutábamos, nos divertíamos con un simple juego que no duraba más de tres o cuatro días. Pasado ese tiempo había que estar pensando en hacer otra cosa diferente. Y no te he hablado de las niñas, esas sí que tenían imaginación. Lo suyo era de película, pensaban en Marisol, Concha Velasco, sus muñecas, sus trapitos, sus juegos más reposados que los nuestros… Tenían otros modelos a quien imitar.

Hoy me da pena ver como tú verás, Mario, a niños que no tienen que preocuparse en pensar a qué van a jugar. Te digo más aún: «No saben jugar «. Su infancia, que ni siquiera saben lo que es, se les ha ido entre las manos sin darse cuenta. Los han hecho mayores de la noche a la mañana. No han disfrutado como tú y como yo de aquella edad que no tenía inicio y quizás terminara a los trece o catorce años cuando las cosas se iban complicando o bien porque te dedicabas a estudiar o te ponían a trabajar, no había otra salida.
Te recuerdo mi entrañable amigo, por aquellas calles estrechas, correteando, saltando, brincando y llamándote para jugar a esto o aquello. Nuestra infancia fue inolvidable, por eso te la recuerdo hoy. Tu siempre amigo Manuel Gala.

Publicidad
Periodista con más de siete años de experiencia en medios y comunicación institucional en Málaga y Rincón de la Victoria. Co-fundadora de La Voz de Hoy en septiembre de 2012 con el objetivo de dar un espacio de información, opinión y participación a la ciudadanía. Sin periodismo no hay democracia.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.