Caminando con Blanca. La maestra

caminandoblancaOrdenando entre cajas y recuerdos Blanca ha encontrado unos antiguos apuntes de sociales, en papel arrugado y con bolígrafo desgastado al tocarlos su mente se ha transportado; el sonido de una sirena la lleva a los 80.

Al instante rememora olores, sonidos y alguna que otra travesura, pero sus pensamientos se paran en el recuerdo de una persona de aspecto serio, de mirada firme, que al pisar cada día el colegio con su libreta y la lección del día infundía ese, en estos tiempos olvidado, respeto hacía a los educadores, era sin ninguna dudas su maestra.

Blanca guarda en su memoria aquellas clases de historia en un aula apretada de alumnos, el rotundo silencio al pasar lista en una carpeta marrón, y las manchas de tiza en las manos de una mujer que amaba su trabajo. La maestra de mirada segura y voz clara, ahora algo más desquebrajada, también recuerda mientras teclea y prepara su nuevas lecciones ante el ordenador esas tizas y borrones en la pizarra. Una gran sonrisa se dibuja en su cara cuando se encuentra con aquellos pequeños a los que ella enseñó ya convertidos en grandes mujeres y hombres.

Blanca sabe que la maestra que comenzó su andadura con veintidós años en un pequeño colegio es una mujer luchadora, el espejo donde mirarse, una gran señora que camina sin descanso a pesar de los años que lleva sin detenerse. Una maestra que sigue educando amando su profesión, madre de nueve a dos, amiga de buenos consejos, la que cada semana camina con Blanca leyendo con atención.

Blanca cierra esos apuntes y vuelve a guardarlos en la caja de recuerdos, pero en su cabeza sigue abierto el pensamiento y agradece poder tener la oportunidad, de vez en cuando, de coger la mano de su maestra para que juntas sigan caminando.

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