Caminando con Blanca. Escribiendo…

caminandoblancaBlanca se sienta delante de un ordenador atrapada en una red en la que no tiene experiencia, le han hablado de navegar por internet y quiere aprender para no quedarse atrás en la nuevas tecnologías, pero lo que no podía imaginar es cuántas personas están enganchadas en esas, hasta ahora desconocidas para Blanca, redes sociales.

Poner una dirección de correo, un nick, una contraseña, todo era nuevo para ella. Mirar fijamente la pantalla, escribir con un solo dedo que se pierde en el teclado, buscar información sin saber muy bien que se busca. Entre tantos nuevos conceptos y botones de repente en el ordenador de Blanca sonó un ¡clon!, alguien le hablaba, sorprendida de todo aquello sólo observaba las palabras y la foto de una persona en un recuadro. Ahí estaba ella, después de veinte años, preguntándole como estaba. Blanca no daba crédito, su amiga de la infancia se encontraba en ese momento como ella, tras una pantalla.

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Al instante su memoria retrocedió a una mañana soleada colocándose dos coletas y mochila al hombro, esperando como cada día junto al semáforo para cruzar con ella, con su compañera, con la que cada mañana entraba a la escuela. La frialdad de unas teclas separaban sus recuerdos y escribían preguntando como le había ido la vida después de tantos años. La tarde se hizo corta hablando con su amiga de la infancia, aunque hubiera deseado más escuchar su voz y darle un abrazo, se tenia que conformar con unas palabras que aparecían en su pantalla tras un frío “escribiendo…”.

Blanca volvió a ese semáforo para encontrarse con su amiga, y allí estaba, pero esa niña era ya una mujer , una enfermera, una madre de una preciosa niña. Los años pasan muy rápido y al igual que con las nuevas tecnologías hay que ir con ellos. Toda tecnología no es siempre positiva, hoy día hacen que olvidemos el contacto cercano, sobre todo en los pequeños, ya que el correr en la calle, jugar al escondite… empiezan a ser algo del pasado.
Blanca sigue pensando que el caminar sobre suelo firme es mejor que navegar por una red que no comprende, que una carta escrita a tinta tiene más valor que un mensaje a un móvil, que un beso vale más que un emoticono, y aunque agradece a las tecnologías el reencuentro con su amiga, prefiere seguir hablando con ella mientras cruzan aquel semáforo.

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