Caminando con Blanca. En cada arruga una experiencia

caminandoblancaSe acabaron las vacaciones que las mamás cogen para los primeros días de colegio, hay que volver al trabajo. Blanca cuenta con el apoyo de su madre, como muchas mujeres que dejan a cargo de las abuelas a sus hijos, para poder ayudar con un sueldo más en sus hogares.

Esas manitas que cada día cogen las manos de sus abuelas, las mujeres que en cada arruga tienen una experiencia. Esas miradas de babeo hacia las carantoñas de sus nietos hace que cojan más fuerza para la carga, que en su vejez se les presenta, para volver a ayudar a su familia.

Sin quejarse van y vienen cada día de la escuela con una sonrisa, aunque el dolor de su edad le recorra todo su cuerpo. Blanca siempre ha pensado que no hay más ejemplo que la lucha de su madre o su propia abuela, esas mujeres sin derecho a nada, esas mujeres del trabajo no reconocido, siempre dejándose llevar por el miedo al qué dirán aun a sabiendas de la sabiduría femenina. Hoy la “abuelita” comparte con sus nietos cada vivencia, sin soltarlos jamás de las manos, nunca le falta una caricia para un llanto, aunque son ellas las que más necesitan ese arrumaco.

Blanca no se cansa de dar las gracias a esas manos que le enseñaron a caminar, las que ahora cogen a su hija para que no caiga, no se le olvida que su lucha es la suya, que ella algún día también será abuela y tendrá entre sus brazos otro motivo para seguir caminando.

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