Astérix: La residencia de los Dioses

Intentando buscar una forma de derrotar a la aldea de los irreductibles galos, César propone construir en sus bosques una urbanización de edificios que acabe llevándolos a la locura envolviéndolos en la modernidad romana. Aunque no lo tendrán nada fácil pues Astérix y Obélix son habituales del bosque practicando habitualmente su hobby favorito, la caza de jabalíes.

Dirección
Louis Clichy, Alexander Astier

Impresiones
Ocho años después de la última adaptación animada, Astérix y los Vikingos, la cual resultó algo floja entre otras cosas por su poco apego al original y alejarse del estilo de las historias que Goscinny y Uderzo, sus creadores, fundaron desde finales de los años cincuenta, nos llega una nueva aventura animada, ésta vez acorde a los tiempos que vivimos, con una animación tridimensional que no pierde fuelle sino que reaviva esa llama que parecía apagada, pues su adaptaciones reales dejaban mucho que desear y sus aventuras dibujadas más acertadas y divertidas eran de la década de los ochenta.

Louis Clichy y Alexander Astier, bajo guión de éste último y basándose en una de las aventuras más maduras de Astérix, realizan una película absolutamente inolvidable. Si somos conocedores de la historia, notaremos que hay una fidelidad a nivel de historia, personajes y diálogos que es exacta al original, pero los directores se toman la licencia (esta vez para bien) para desvincularse y tomar su propia línea sin alejarse del estilo y forma de los creadores originales, convirtiéndose así en un homenaje con mucho respeto, que parece extraído de las mentes de Goscinny y Uderzo, y éste último que sigue aun vivo, podrá estar satisfecho por el trabajo realizado.

Astérix: La residencia de los Dioses es una cinta para toda la familia que gustará sobre todo a los nostálgicos amantes de la historieta y a los mayores, ya que propone una historia con menor carga en la acción y bastante profundidad al relatarnos la aventura de cruzar el modernismo con lo tradicional. La estrategia de César es ésta vez más cerebral al poner contra las cuerdas a los galos una vez son invadidos por una civilización de romanos. Su llegada los llevará rápidamente a cambiar para equilibrarse en el nuevo mercado, mostrando una contundente subida de precios, lo cual los hunde completamente en la codicia y el deseo de parecerse a los que han sido sus enemigos toda la vida. Por suerte, el más sensato de todos, Astérix, quedará al margen a sabiendas que todo es una maniobra por parte de su mayor enemigo.

Por supuesto no faltará el humor y los personajes emblemáticos. Inclusive los personajes secundarios de la viñeta original aparecen y toman partido como protagonistas en lo que ya hemos citado con la segunda parte del film, la línea más abierta y a la vez lograda por parte de los directores. Y si hablamos de escenas donde se denota la calidad de la que hablamos, me quedo con ese momento donde el brillo del sol nos ciega y César se posa para taparlo con su cabeza, haciendo entrever ese realismo del 3D en alto estado y sin nada que envidiar a las grandes producciones animadas estadounidenses. Y no lejos de ese momento, me quedo con la escena-tarta-Obélix, simplemente brutal. Finalmente, la guinda la pone la acertada banda sonora de Philippe Rombi quien brilla en todo momento, sobre todo en esos acertados y hermosos títulos de crédito. En resumidas, una joya que ha vuelto a resucitar a los personajes de Goscinny y Uderzo con clase, estilo, nostalgia y ante todo, mucho respeto, posicionándose fácilmente como una de las mejores adaptaciones realizadas hasta la fecha, sin olvidar otras joyas como son Astérix en Bretaña, El golpe de Menhir o Las 12 Pruebas.

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