Amor Propio

banderaespañaNo hace mucho leí: “los españoles son los únicos que se creen su propia leyenda negra” -creo que el autor es el hispanista británico J.H. Elliott, no lo he podido confirmar- esto dice mucho de nuestra idiosincrasia, no tenemos buena opinión de nosotros mismos y a menudo proyectamos sobre otros españoles la culpa que deberíamos compartir o incluso la que deberíamos rechazar.

Si esta falta de autoestima nacional –que podríamos considerar pre existente- se suma con el enorme desprestigio internacional e interno causado por los cuarenta años de dictadura, el uso que ésta hizo de los anagramas de Ysabel y Fernando –el Yugo y las Flechas- y el abuso de la bandera rojigualda -que Carlos III eligió para su marina y después fue enseña nacional- aderezados con el novedoso respeto debido a símbolos nacionalistas que en gran medida nos eran desconocidos al principio de la transición, retroalimenta nuestra mala opinión.

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Durante treinta y tantos años nos hemos avergonzado de nuestros símbolos históricos porque un dictador los corrompió, hacer uso, aunque sólo fuera en el filo del cuello de un polo o de unos calcetines, de la bandera constitucionalizada era motivo suficiente para ser tachado de “facha”.

El patriotismo español era unánimemente considerado como “patrioterismo trasnochado”, una cosa de “nostálgicos de la dictadura”, o sea algo muy, pero que muy reprobable, mientras que los símbolos autonómicos y los abiertamente nacionalistas gozaban cada vez de más prestigio, es más se ha llegado a alimentar la ficción de que el nacionalismo es una ideología progresista.

Pero no es mi objetivo la reivindicación de ningún nacionalismo, tampoco del español, sino la constatación del complejo de inferioridad que nos agobia. Cuantas veces hablando con algún amigo no se me habrán quejado de que los andaluces no seamos más nacionalistas/regionalistas, es una reacción bastante primaria y por ello comprensible, pero también es una falacia: si el nacionalismo reivindicativo fuera generalizado en todas las CC.AA., España, sencillamente, habría dejado de tener sentido, pero esto está muy lejos de ser verdad.

Hoy quiero romper una lanza por todos los españoles que sin aspavientos y sin exclusiones, con respeto por el otro y por sí mismos, con ánimo solidario y democrático, sienten un legítimo amor por lo propio.

Romain Gary decía que “el patriotismo es el amor por los tuyos. El nacionalismo es el odio de los otros”, es una forma amable de definir el patriotismo en la cual la mayor parte de nosotros se podría reconocer y en yuxtaposición con el aborrecible concepto de nacionalismo. En cambio, Ambrose Gwinett Bierce, quizá amalgamando ambos -patriotismo y nacionalismo-, afirma que “El patriotismo es el material inflamable susceptible de servir como antorcha a cualquiera que ambicione iluminar su nombre”, no me puedo resistir a pensar en ese anuncio de retirada de la política una vez alcanzada la meta, hecho por El Presidente de la Generalidad de Cataluña Sr. D. Artur Mas.

Un apunte para la reflexión: ¿Teníamos verdaderamente necesidad de adelantar tantas elecciones autonómicas? Son ya cuatro los Presidentes autonómicos que no terminan el mandato.

 

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Periodista con más de siete años de experiencia en medios y comunicación institucional en Málaga y Rincón de la Victoria. Co-fundadora de La Voz de Hoy en septiembre de 2012 con el objetivo de dar un espacio de información, opinión y participación a la ciudadanía. Sin periodismo no hay democracia.

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