8M siempre

Este año, el Día Internacional de la Mujer, lo ha sido de verdad porque las movilizaciones españolas han salido en la prensa internacional como referencia. No sé si será porque aquí las organizadoras han movido más la convocatoria o porque vamos años luz por detrás de otros países vecinos y por eso tenemos más por recorrer. El caso es que se nos ha escuchado alto y claro: IGUALDAD.

Había muchas formas de expresar el descontento por esta diferencia de géneros: con huelga total o parcial, acudiendo a las concentraciones o manifestaciones, en rrss, sin consumir nada o simplemente con algún detalle morado en tu vestimenta para apoyar esta lucha que es la de todos los que queremos un país mejor. ¡Algunos aún duermen!

Fuimos muchos los que intentamos aportar nuestro granito de arena y las imágenes  de lleno absoluto en Málaga, y en muchas otras ciudades, lo dicen todo. No hay duda de que la cita fue un éxito pero después del 8M la vida sigue y lo más positivo, es que se han gestado las ganas de cambio en parte de la sociedad.

Los grupos creados para la cita, como el de mujeres periodistas, siguen activos y con ganas de concretar medidas y trabajar para paliar las diferencias. Quieren hacer propuestas, crear iniciativas que vayan desde la educación a las redacciones, donde se sufre discriminación igual que en cualquier otro trabajo. Las ganas siguen latentes y la unión, sin duda, hace la fuerza.

No podemos negar el avance que hemos vivido con respecto a nuestras madres o abuelas pero tampoco debemos quedarnos en eso porque aún hay muchos detalles en el día a día en los que encontramos la diferencia de mujeres y hombres. En su día se manifestaron por nosotras y ahora lo hacemos, probablemente, para que las próximas generaciones sigan viviendo cambios.

Sentados en casa sin hacer ni decir nada, salvo en los grupos de wassap, solo parece que asumimos la situación que hay, la aceptamos e incluso nos parece bien. Si no se alza la voz y no se expresa el malestar, seguirán haciendo las mismas políticas de siempre, las mismas leyes y las desigualdades perdurarán en el tiempo. Instituciones, empresas, administraciones…todas deben formar parte de este cambio, que siempre parte desde las bases: la ciudadanía.

Escuchar es un don, ponerse de acuerdo un reto y continuar avanzando debería ser premisa del ser humano. Miremos lo que ya se hace en otros países para conciliar, para evitar la brecha salarial o el techo de cristal. Utilicemos ejemplos de lo que ya se está llevando a cabo y construyamos una sociedad mejor entre mujeres y hombres, aquí, en nuestro país.

Todo suma.

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