35 minutos

desiertoEn poco más de media hora, uno cambia de país, de continente y de realidad. La travesía por el estrecho da pruebas del choque de culturas y al mismo tiempo es un ejemplo de cómo están integradas una en la otra al compartir antepasados comunes y una historia que aún sigue presente.

Pañuelos de colores, túnicas hasta los pies que cubren los vaqueros a los que acostumbramos a ver, pieles bronceadas por el sol, niños en la calle porque sus padres entienden que es mejor aprovechar la llegada de turistas sensibles que ir a la escuela, hombres a pie de carretera vendiendo frutas y verduras, caballos y burros que conviven en la carreta con motos, turismos y bicicletas…

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A pesar de que parezca que el tráfico y el ritmo en las ciudades es apresurado, cuando uno se adentra para llegar al desierto el tiempo se detiene, incluso a ojos españoles parece que ha retrocedido 50 años. Por la escasa luz y agua, las casas de adobe, la separación entre hombres y mujeres, los kilómetros sin construir, los rebaños en busca de la supervivencia, igual que muchos de los habitantes.

Los hay afortunado, que tienen estudios, trabajos, que han salido incluso del país, por amor o en busca de otra oportunidad, pero muchos viven con poco. Familias completas en una casa, a pesar de las edades y diferencias, porque los alquileres poco varían de los españoles, solo que el salario sí que se reduce sustancialmente, incluso para aquellos que están formados.

Se trata de una región, como otras muchas, que está en continuo desarrollo, que aún conserva valores y tradiciones que hacen al pueblo único y al mismo tiempo son sus jóvenes los que recibiendo una educación esencial quieren trabajar para la evolución del país.
El tiempo se detiene en la cima de una duna y uno ve cómo el sol cae a los lejos y se esconde entre las casas, cómo el viento se encarga de llevar la arena de un lugar a otro y cómo el cielo se ilumina al llegar la noche.

El disparador de la cámara no deja de sonar por ese afán de retratar todo cuanto uno ve para que quede en el recuerdo, pero es la retina de uno mismo la que guarda sin pensar todas esas imágenes que han dejado de ser fotografías de libros o fotogramas de películas para vivirlas en primera persona.

Dicen que Marruecos te roba el alma y desde luego lo que no te deja es indiferente. Tan solo 14 kilómetros marcan una distancia superior a la real y no precisamente por la religión, que algunos la creen tan distinta.

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Victoria Contreras
Periodista con más de siete años de experiencia en medios y comunicación institucional en Málaga y Rincón de la Victoria. Co-fundadora de La Voz de Hoy en septiembre de 2012 con el objetivo de dar un espacio de información, opinión y participación a la ciudadanía. Sin periodismo no hay democracia.

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