Una cultura malcriada

El diván del cultureta

Hoy comienzo, con una mezcla de miedo y ganas, mi andadura con El diván del cultureta en La voz de hoy. Un espacio en el que, semana tras semana, iré tratando temas (y dando mi opinión, aunque a algunos no les importe lo más mínimo) culturales muy diversos.

Para la gran inauguración, como no podía ser de otra forma, tengo que hablar de la cultura en general. Nuestra cultura. Una cultura que, entre todos (auque algunos más que otros), hemos ido deteriorando hasta llegar a tal punto que, para la mayoría de la población, es inecesaria. Me refiero, sobre todo, a ese arte milenario nacido en la antigua Grecia; el teatro (es lo que tiene ser actor y dramaturgo, que uno se decanta por este tema).

El teatro, aunque nos lo intenten hacer ver de otra forma, es cultura. No sé por qué (mi ignorancia no me permite verlo con claridad), nos hacen creer que el teatro es una mera forma de ocio. Lo podemos comprobar fácilmente explorando alguna revista on-line, por ejemplo, donde hable de teatro. Ve a la zona de ocio. ¿A que está ahí?

En nuestro país este arte (al igual que la literatura, la pintura o la música) es considerado meramente una actividad recreativa. Y de eso ya no sólo tienen culpa los políticos, que todo va para ellos. No. ¿Es verdaderamente inteligente un país donde el fútbol puede tener una recaudación tropecientas veces mayores que las del teatro? Reflexionemos cada uno en nuestras cabezas durante algunos segundos, minutos u horas…

La cultura la estamos masacrando entre todos. El Estado también tiene muchísima culpa, claro está. Subvenciones que son imposibles de conseguir para montar alguna producción o algún espacio cultural (un caso que sigo de cerca, por ejemplo, es el de la sala multidisciplinar Espacio Vacío: Experimenta, llevado únicamente por la artista Inma Bernils. Nunca me cansaré de agradecerle su valentía por sacar adelante proyectos así, montados con el dinero de su propio bolsillo sin buscar en ningún momento el lucro).

Los propios artistas y creadores también tenemos la culpa de, poco a poco, ir destruyéndola o malcriándola. Somos malos padres, sí. Pero esto, como cualquier otra, es una profesión en la que se busca un beneficio para poder vivir (o, mejor dicho, sobrevivir), y a veces nos vamos por algún camino demasiado fácil. Ese (siempre en mi opinión y desde el respeto) es el que ha elegido tomar la productora SpectaDor Producciones que, entre otras, estará representando algunos días de diciembre la comedia Jardín de otoño en el Teatro Alameda. Hasta aquí todo normal, pero si nos fijamos… ¡Sorpresa! Uno de los actores protagonistas es… Nacho Vidal. Sí, el mismo que estuvo en cierta isla y que es nacionalmente conocido por su… herramienta. A veces, en vez de apostar por nuevos (o consagrados) talentos, recurrimos a lo fácil. A contratar a una “estrellita” para hacer caja. A alguien que no tiene estudios interpretativos y que apenas se ha puesto un par de veces delante de una cámara para alguna serie. Actor porno no es sinónimo de… actor. Al menos está respaldado en la producción con otros profesionales del sector, como Norberto Rizzo, Concha Goyanes o María Alfonsa Rosso. Menos mal, como para poner a Chavelita de secundaria.

Pero, a pesar de todo esto, de lo mal padre que somos, de lo mucho que la hemos y estamos malcriando, la cultura nunca desaparecerá. Nunca. Ni el teatro, ni la música, ni la pintura, ni la poesía… Porque siempre estaremos (y en esto me incluyo) los enamorados de los focos, del papel en blanco, de las cuerdas o del pincel. En definitiva, personas que necesitan el arte tanto como el oxígeno para poder vivir.

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Carlos Mesa Espinosa

Actor que escribe. Escritor que actúa. Cabeza y corazón de Verecundo
Producciones. Junta palabras para subirlas al escenario. Culo inquieto
que cuenta cuentos y, de vez en cuando, escribe algún artículo.

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