Lasaña de carne y queso (sin bechamel)

Hay gente que estigmatiza un plato de pasta tan delicioso como es la lasaña simplemente porque no les gusta la bechamel. Es absurdo, todo es cuestión de probar a cambiar la bechamel por otro ingrediente. De hecho, mi versión favorita de la lasaña, la que yo hago en casa, no lleva bechamel. Como soy una fanática del queso, sustituyo la bechamel por dos tipos de queso y el resultado es pura delicia. Por eso he decidido traerte mi receta, para enseñarte a hacer una lasaña un tanto diferente y para que puedas contentar a aquellos a los que no les gusta mucho la bechamel.

El origen histórico de la lasaña es un tanto confuso como el de otros platos que te he traído en los que, después de encontrarme con un mar de contradicciones y distintas regiones agenciándose una suculenta receta, opto por hablarte un poquito de cada supuesta autoría y que tú te creas la que prefieras.

La lasaña es un plato típico de Bologna pero hay quienes defienden que su origen es italiano y quienes aseguran que es inglés. Los que apuestan por la primera teoría hablan de un manuscrito italiano del siglo XIV en el que ya se recogía la receta. Por el contrario, los que avalan el origen inglés aseguran que la lasaña se inspira en un plato creado específicamente para el rey Ricardo II en 1390. A mí no me extrañaría esta hipótesis porque es evidente que la lasaña, por los ingredientes que lleva y su elaboración, es un plato que antaño tuvo que ser para gente con posibles. No es, ni por asomo, de esas recetas que os he traído alguna vez que a todas luces surgieron como ingenio en época de carestías. Por otra parte, también hay quienes rizan el rizo y escarban mucho tiempo atrás para encontrar el nacimiento de la lasaña. Lasaña proviene del término griego “lasagnum” que significa plato o tazón y hacía referencia a un plato especial que los griegos usaban para cocer. Luego los romanos heredaron de los griegos este plato y le dieron el nombre del plato a la receta que cocinaban en él, que al parecer era un alimento parecido a la pasta y entre cuyas placas se ponían otros ingredientes. Yo creo que eso es ya echarle demasiada imaginación, pero a saber.

Fuera como fuese, lo que no cabe duda es que la salsa de tomate debió añadirse mucho tiempo después a la receta, cuando se produjo el descubrimiento de América y al Viejo Mundo llegó el tomate.

La receta de la lasaña que te traigo lleva, por supuesto, tomate.
Los ingredientes que necesitas son 1 kg de tomate frito, 1 paquete de placas para lasaña, 1 kg de carne picada de pollo, 1 cebolla, 1 pimiento verde, 1 pastilla de caldo de pollo concentrado, 1 paquete de queso fundido en lonchas, 1 paquete de queso Havarati en lonchas, 1 vasito de vino blanco, aceite de oliva, sal y pimienta.

Con estas cantidades tendrás para una gran lasaña de la que podrás sacar seis generosas raciones. Si en casa sois menos, divide las cantidades a la mitad y asunto resuelto.

Lo primero que tienes que hacer es cortar en brunoise el pimiento y la cebolla y ponerlos a freír en aceite de oliva. Cuando la verdura esté pochada agrega la carne picada salpimentada previamente. Después, agrega agua hasta cubrir la carne, 1 vasito de vino blanco y la pastilla de caldo de pollo concentrado. Deja cocer hasta que la carne se haga y se evapore todo el caldo. Y termina agregando el tomate frito.

Las placas de pasta que yo uso para montar la lasaña supuestamente no necesitan cocción previa. Pero a mí me gusta, por asegurarme, darle unos minutos de cocción.
Para que, mientras esperas, no se peguen entre sí las placas de pasta, te recomiendo que las sumerjas una por una en agua fría.

En el montaje de esta lasaña hay un paso especial. Lo normal es disponer en un recipiente de horno capas de placas y de la carne con tomate sucesivamente. Pero a mi lasaña, además, tras cada capa de carne agrego una capa de queso tranchete. Le da un toque delicioso y jugoso que la hace inconfundible.

Para finalizar, en vez de cubrir con bechamel, pon una capa de queso Havarati en lonchas. Y como esta receta está especialmente indicada para los que somos amantes empedernidos del queso, de los que no tenemos mesura con semejante ambrosía, te diré que opcionalmente —por eso no lo he puesto en los ingredientes— puedes agregar un poco de queso Cheddar rallado que le dará un toque de color sabrosón.

Como todos los ingredientes ya están cocinados, no tienes más que meterla al horno diez minutos a 180º con calor solo por abajo. Y otros cinco minutos a la misma temperatura pero con calor por arriba y por abajo para que se gratine el queso.

Debo confesarte que esta es mi receta estrella, la que he ido ideando y modificando con el infalible método de ensayo y error. Además, es mi comida preferida.
Si te gusta el queso y la pasta tanto como a mí, esta lasaña va a ser tu gran descubrimiento.

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Eva María Torres
Sevillana. En cuanto alcanzó la encimera ayudó a su madre en la cocina y así surgió una de sus grandes pasiones. Licenciada en Historia y Máster en Escritura Creativa.

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