Ladrón de ida y vuelta

Llueve en agosto. Se mojan nuestras cabezas mientras en un callejón junto al mar alguien me atraca. Sólo tengo mi cartera. Se la ofrezco. Vacía, es su protesta. Compongo un gesto de disculpa, los hombros se me caen hasta el suelo, simétricos, la cara tan amarilla como papel viejo y las manos, mis manos cuelgan sin temblor, son de muerto. Tú estás mal, quiero que me pregunte pero el asaltante no duda. A media voz me oigo reconocer que un poco. Pues vete ya, anda, y me devuelve la cartera. En su interior hay un billete.

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