La revista feminista La Madeja se presenta en la librería-cafetería La Mínima

La Madeja es una publicación de periodicidad anual nacida en el seno de los movimientos sociales y desde la cual se analizan distintos temas desde la perspectiva feminista y de igualdad entre las personas. Su próxima edición, dedicada a los cuidados, está siendo presentada por todo el territorio del estado español. Esta semana, el jueves 9 a las 20.00 La Madeja pasará por al librería-cafetería La Mínima para presentarnos su proyecto y para charlar sobre la importancia de los cuidados.

La Voz de Hoy ha contactado con Celia García López, parte del equipo de redacción, para que nos ayude a tirar un poco del hilo y descubrir qué es lo que se encuentra al final de “La Madeja”.

LVDH: ¿Cómo surge La Madeja?

Celia García: El primer número de La Madeja, el número cero, se publica en 2010. Nace en el local cambalache (Oviedo, Asturias) . Las compañeras detectan cómo a pesar de que cuentan con las herramientas para llevar a cabo una publicación, a pesar de llevar trabajando años en torno al tema de los cuidados, las emociones, y de ser uno de los grupos más activos que participa en el proyecto y en la ciudad; y también, teniendo en cuenta, que una de los puntos que se había trazado el proyecto era que desde los movimientos sociales (en la medida de lo posible), también se generara conocimiento, se compartieran procesos, en un intento de descentralizar a, por ejemplo, la universidad como gran productora de saber-poder. Bueno, pues a pesar de que las circunstancias son propicias para compartir desde la escritura, se dan cuentan de que hay un bloqueo, hay miedo a escribir. Éste sería el orgien de la revista, combatir, por un lado, este miedo, así como generar un espacio de encuentro donde diferentes feminismos, distintas voces, tuvieran (tuviéramos) un espacio, una manera de generar un lugar propio desde donde poder decir aquello que entendemos es útil, es propiciador de cuestionamiento o de compañía. La idea de revista como tal va acompañada de un proceso (de un: “… y ahora, ¿por dónde empezamos?”). Así, en primer lugar, se piensa que un libro es una idea demasiado ambiciosa (ahora con el tiempo, pensamos que un libro hubiera sido un poco más sencillo, por esto de estar cada año imbuidas en el proceso de crear la revista), del libro se pasa a la idea de periódico, lo de editar un periódico y pensar en la “perodicidad”, teniendo en cuenta nuestros tiempos, los trabajos de cada una, la distribución… pareció poco adecuado, así que llegamos a la idea revista y ahí nos quedamos.

LVDH: Supongo que os habrán preguntado esto mil veces pero¿Por qué en papel?

Celia García: En papel, porque teníamos los medios y nos gusta el papel. ¡Claro! Eco, reciclado. También porque el tiempo de la red es un tiempo que en principio no podemos sostener, ninguna nos dedicamos a nada relacionado con el periodismo, y no plantemos el proyecto como un medio de autoempleo, y la exigencia que conlleva llenar de contenidos, tener activa la página para que la gente te siga… no la vemos viable. También, la revista es un medio para conocer a gente, para generar debates en distintos colectivos, es más fácil presentar una revista de papel que una web. La Madeja sale cada año en noviembre y desde ese mes hasta junio la vamos presentando por todo el estado; esto ha propiciado que muchas compañeras que hemos conocido en las presentaciones acaben participando en la revista, que se amplie la red , que nos “enredemos” con otras en todo tipo de proyectos feministas.

Por último, en estos años hemos visto cómo hay una horquilla de población a la que los contenidos de la red no les llega tan fácilmente, otra generación de mujeres un poco más mayores que prefieren poder leer tranquilas en sus casa sobre el papel y no sobre la pantalla. Así, que el papel también nos permite romper la llamada brecha digital y llegar a un público más variado.

LVDH: ¿Por qué habeis optado por una publicación anual?

Celia García: Un poco por lo mismo que os decía antes. Tenemos que compaginar el proyecto de la revista con todo tipo de actividades, bien laborales o militantes. Desde el principio decidimos que todo lo íbamos a hacer nosotras: búsqueda de contenidos, contactos, edición, revisión, presentaciones… (con la ayuda de un círculo de compañeras, amigas, gente que ha colaborado en algún momento en la revista, con las que vamos compartiendo el proceso ) Por otro lado, al ser una publicación anual podemos dedicarle más tiempo y, por lo tanto, más cuidado a cada parte del proceso, establecemos un contacto cercano con las colaboradoras de cada número, nos dejamos un tiempo para debatir cada texto, para investigar qué acercamientos nos parecen interesantes tratar; luego necesitamos tener tiempo para las presentaciones. Nos gustan los biorritmos lentos.

LVDH: ¿Cómo se desarrolla el proceso creativo y de elaboración de La Madeja?

Celia García: El proceso sigue un calendario que nos ayuda a que no nos agobiemos. En febrero hacemos la primera lluvia de ideas sobre el tema a tratar en el número que nos toca. Vamos alternando temas que han sido más trabajados por los feminismos, temas más “clásicos”, con temas más sugerentes, metafóricos. Por ejemplo, hemos trabajado los cuerpos, los amores, este último número es sobre los cuidados, pero también los paisajes, las transgresiones, estamos en pleno proceso de los miedos. En las presentaciones que hacemos entre noviembre y febrero, les preguntamos a la gente por el tema que les gustaría que trabajaramos, también lanzamos las ideas que ya vamos teniendo o que nos han propuesto en otras presentaciones. El tema de los miedos nos lo sugirió una compañera que fue a la presentación de Barcelona del año pasado, lo fuimos planteando en distintas presentaciones y la acogida fue muy buena. Cuando ya tenemos el tema, mandamos una carta a todas las personas que en algún momento han colaborado en La Madeja, también a personas cercanas que puedan estar interesadas, en la carta las invitamos a que nos hagan propuestas concretas sobre cómo trabajar el tema, también a que nos ayuden a ampliar la red, es decir, que nos digan si conocen o tienen referencias sobre otras personas que puedan estar interesadas. De igual modo,empezamos a buscar trabajos, artículos, materiales diversos, vamos pensando en gente que está trabajando al respecto bien en la práctica (en algún grupo o acción feminista), bien desde algún campo de la escritura… Y así vamos conformando una tabla de contenidos. En las presentaciones, se me olvidaba, también invitamos a la gente a que nos mande propuestas. Luego llega el momento de ponernos en contacto, de proponer, de recibir… hasta que cerramos el índice, ya estamos entre abril y mayo; la recepción de los textos se hace en agosto y ahí empieza el debate, los correos de ida y vuelta, hasta que se cierran los textos y comenzamos con las correcciones. El resultado final nos lleva hasta mitad de noviembre, donde empiezan las presentaciones.

LVDH: Esta publicación la habeis dedicado a los Cuidados. ¿Qué papel juegan los cuidados en los movimientos sociales y en las relaciones humanas en general?

Celia García: Para nosotras el tema de los cuidados es uno de los grandes problemas de nuestro tiempo. ¿Quién cuida?, ¿cómo son los cuidados?, ¿se puede elegir no cuidar? Hacia donde apunta el sistema económico actual. Somos conscientes de que todas y todos necesitamos cuidados, somos esencialmente vulnerables. En los últimos años, de manera más visible, los feminismos están proponiendo, visibilizando la necesidad de poner en el centro del debate político y social la cuestión de los cuidados. En la revista, nosotras queríamos intentar dar una visión global de la importancia de los mismos, en todos los ámbitos de nuestra vida. No es una cuestión privada esto de los cuidados, es algo que está presente, de alguna manera, todos los días de de nuestra vida.

Y sí, el tema de los cuidados y los movimientos sociales, aparece en la revista, ya publicamos un artículo en el número de Amores, un texto que nace a partir de una experiencia con movimientos sociales asturianos donde se planteaba el tema de los afectivo en los espacios militantes, el texto “Investigando lo invisible: amores y desamores en los movimentos sociales” y la experiencia ha dado pie a que Irene S. Choya, artífice del mismo, replique este taller en otras ciudades; lo que nos indica la necesidad de llevar el tema de los cuidados, de los afectos, también a estos espacios.

En este número también hay dos colaboraciones que trabajan el tema una “Sin cuidados no es (nuestra) revolución” de Maite Iglesias Buxeda; y otro texto, desde mi punto de vista muy valiente, “Micro-relato de una vivencia de (des) encuentros feministas” que escribe Irene Pardo Contreras , donde trabaja desde el cuestionamiento el conflicto y las contradicciones que nos podemos encontrar en espacios afines cuando se reproducen lógicas contra las que luchamos.

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