La Prohibida, la indie que debería dejar de serlo

Si Amapola López (La Prohibida) hubiera nacido en Alabama y no en Cádiz, ahora tendría un reality show llamado La Prohibida’s Drag Race y sería conocida a cien mil años luz. Desgraciadamente España es un país lleno de talentos vagamente valorados. Y si no, que se lo digan a Pedro Almodóvar, que si algún día pisara nuestras calles se toparía con la realidad más inculta: el hastío del público español. Lo mismo ocurre con La Prohibida, una artista estelar a la que nacionalmente sólo se le hace caso una vez al año: en la semana del Orgullo. Mientras que el resto de meses es querida fuera de nuestras fronteras, dentro sigue siendo una cantante indie. Pero indie de verdad. No de los que cantan desganados llenando los festivales con cifras astronómicas. Eso de indie tiene lo que Amapola de apolítica.

Ser indie está de moda. Serlo y escucharlo. Todo lo que se salga de ese gueto para ellos es basura. Para sus seguidores de vaqueros pitillo caídos, camisetas básicas de tonos tierra, zapatillas algo destrozadas y gafitas de sol. Ellos, que creen estar en posesión de la verdad irrevocable, entienden que su música alternativa es oro y todo lo demás es comercial. Un adjetivo que utilizan con desprecio, desde la incoherencia de ser la música más consumida por los españoles (con permiso del reggaeton). A esa tribu, aunque por alcance podríamos hablar de tendencia nacional, habría que enseñarles qué es ser indie (por desgracia) y cómo luchar contra serlo. Habría que enseñarles quién es La Prohibida.

La gran indie de este país se llama Amapola López. Ella sí es una cantante de música alternativa, escuchada por un sector reducido de la población. Ella sí ofrece algo diferente al mainstream. Ella sí responde al concepto originario y enlaza perfectamente con otros artistas que lo son o que en su día lo fueron y dejaron de serlo, como Alaska. En España ya existen demasiados grupos guitarreros de gusto popular con fama de incomprendidos. Muchos acaban triunfando, abandonando el yugo de ser desconocidos para el gran público y llegando a ser auténticas estrellas entre sus numerosos adeptos. En cambio, la única alternativa a toda esa música comercial, porque aunque ellos se crean indies en realidad producen lo mismo que todos, es La Prohibida.

Ya estamos cansados de la insostenible moda indie. Todos aspiran a ser conocidos. Todos aspiran a ser comerciales. Y a vender, que de algo hay que vivir. Pero entre tanto falso modesto aún existe la luz. Una limitada galaxia de estrellas que cantan en pequeños escenarios y que esperemos asciendan al firmamento de las grandes superstars. Porque ellos sí son indies, pero porque no les queda otra. Porque ojalá ellos llegaran a ser la estela a seguir de las futuras promesas de la música. Su estética. Su mundo. Porque un indie no es más indie cuanto menos se preocupe de su imagen. Es absurdo pagar la entrada de un concierto para ver a alguien normal, de eso están llenas las calles. Queremos ver a alguien que se vista para su público, cree buena música, consiga captar nuestra atención y alcance el estrellato. Amapola, eres nuestra esperanza blanca.

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Ismael Amaro Martos

Licenciado en Historia del Arte y Máster en Desarrollos Sociales de la Cultura Artística. Investiga sobre diseño de moda, historia del traje y tejidos.

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