La delgada línea entre lo sutil y lo evidente

La gala Drag Queen de Las Palmas de Gran Canaria ha dado para mucho, a pesar de contar con una ganadora carente de originalidad. Sólo hay que fijarse en los espectáculos que cada verano se realizan en las discotecas de Ibiza para saber que lo de vestir a las drags de Vírgenes es bastante habitual. Sin embargo, ¿qué ha ocurrido esta vez para formarse tal revuelo?

Muchos han comparado a la ganadora del concurso canario con Beyoncé en la última gala de los premios Grammy, pero nada tiene que ver la una con la otra. Mientras la diva americana apostaba por un look de diosa de la fertilidad bañada en oro, de claras alusiones orientales, sin definir de manera clara a qué divinidad hacía referencia; Drag Sethlas no se caracterizó precisamente por su sutileza. La iconografía de Virgen María no dejaba demasiado a la imaginación. Y, para colmo, no se conformó con la elección del personaje, sino que además recogió la estética española por excelencia.

Su segundo “traje” bien pudiera recordar a Madonna, también “crucificadas” mientras cantaba uno de sus éxitos. La cantante, vestida de ella misma, sólo extraía la simbología de la cruz y la corona de espinas, siempre desde una perspectiva sobria, nada festiva. En cambio, la drag canaria volvió a abusar de lo evidente. No era un dios cualquiera. No era una sutil reseña. Era un intento de Cristo crucificado, subido a la cruz, cargado de lentejuelas hasta los ojos y con unas potencias más propias de Priscina, reina del desierto. Sí, el resultado fue vulgar y, por qué no decirlo, hortero.

Algo de polémica acompañó a las citadas estrellas estadounidenses. Y, siendo honestos, podemos llegar a entender que a un cristiano no le haga demasiada gracia. En cualquier caso, en ellas primó la insinuación. Por su parte, Drag Sethlas fue obscena y, tan falta de tacto, que sobrepasó los límites de las mentes más abiertas.

La utilización de la iconografía cristiana para crear arte (novedoso) es fantástica. Pero la copia, encima degradada, no puede ser alabada, por muchas cosas malas que haga la Iglesia. Porque no se trata de una burla a la institución, es una ofensa a las creencias de personas que por libre elección siguen a un Dios.

Desde la empatía animo a entender que para un cristiano Jesús es su Dios convertido en hombre, y María es su madre; por ende, madre de todos los cristianos. ¿Cómo le debe sentar ver la representación de su madre quitándose ropa como si de una stripper se tratase? ¿Qué reacción debe de tener al ver una imitación de su Dios montado en unas plataformas y bailando con un taparrabos cubierto de glitter?

La libertad de expresión es tan necesaria como maravillosa. Incluso, la inspiración en las religiones resulta enriquecedora. Siempre que se haga desde el respeto, desde el buen gusto, desde la elegancia. Pues igual que reivindicamos la libertad de creación y la solidaridad hacia todos los colectivos minoritarios, se tiene que dar por supuesto que convertir las creencias personales en una mofa, sabiendo que va a ser retransmitido en una cadena pública, no busca precisamente la paz.

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Ismael Amaro Martos
Licenciado en Historia del Arte y Máster en Desarrollos Sociales de la Cultura Artística. Investiga sobre diseño de moda, historia del traje y tejidos.

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