En tiempos de crisis

El diván del cultureta

Por todos es bien sabido que estamos en crisis —¡que no, que estamos saliendo!— y no hay mucho dinero para gastar. Miramos muy bien en qué nos dejamos nuestros ahorros. Una de las primeras cosas en las que recortamos gastos es en, por ejemlo, ir al cine o al teatro. Porque claro, no vamos a gastar el dinero que ganamos con nuestro sudor y lágrimas así por así, ¿verdad?

—Tío, me he comprado la entrada para el partido de mañana. Cincuenta y tres pavos, colega. ¡Una ganga!
—¡Cómo mola! Por cierto, el sábado actúo. Representamos Hamlet, ¿quieres venir?
—¿A cuánto sale la entrada?
—Quince euros.
—¡Bua! Imposible, tío. Es demasiado caro. ¿Cómo podéis poner esos precios tan altos, si así no va a ir nadie? Pero esto es culpa de los políticos, ¿eh? Menuda panda de chorizos. Además, Hamlet es un auténtico coñazo.

¿Suena de algo esta conversación? Y que quede claro una cosa: no critico a la gente a la que le gusta el fútbol. A mí no me apasiona para nada, ni siquiera sé tres nombres de jugadores del Real Madrid. Critico esos precios tan elevados y… bueno, sí, critico el fútbol.

Sé que con esta entrada ganaré muchos enemigos, futboleros y futboleras, que defenderán con capa y espada a Cristiano Ronaldo, sus piernas y sus calzoncillos. Pero, volviendo a la conversación anterior, ¿por qué los españoles —no voy a hablar de otros países porque no conozco su situación— prefieren ir al partido, sabiendo que una entrada cuesta el doble, el tripe o incluso el cuádruple que lo que cuesta ir al teatro?

Con esto, como he dicho, no quiero criticar en absoluto —¿resulta contradictorio? ¿Bipolar?— a la gente que decide ir a apoyar a su equipo predilecto. Para algo es su dinero. Mi crítica es el abuso de esos precios y de esos sueldos desorbitados. ¿Debe ganar tanto dinero un jugador de fútbol? ¿Tanto se lo merecen y tan importante es su trabajo?

Igualmente estoy en contra del precio de las entradas del cine o del teatro. ¿Cómo puede costar más de ocho euros una entrada para ver una película? Y a mí me hace gracia los mandamases que argumentan que la gente no va al cine por el aumento de la piratería. ¿De verdad? Pues qué casualidad que esas veces en las que la entrada está a menos de cuatro euros las salas se llenan y hay colas de decenas de personas. Qué casualidad, oye.

El teatro, otro tanto de lo mismo. Algunos precios tan elevados son por necesitad; otros, por ambición. Me parece un tanto desorbitado que, para producciones famosas, un teatro como el Cervantes —público— venda sus entradas en el patio de butacas a casi cincuenta euros. Un teatro municipal que debería dar más facilidades a los espectadores. Mientras, en otros países, las entradas máximas están alrededor de los quince o veinte euros. Pero es que aquí, en la mayoría de los casos, hay que poner precios más elevados para poder tener un rango de beneficio decente. Porque veamos: si el IVA se lleva un maravilloso —¡já! — 21%, el teatro se lleva un 50%, y el resto hay que repartir entre director, autor, actores, técnico de iluminación, ayudante de dirección, vestuario, músicos, escenografía…

Creo que los actores nos vamos a tener que meter a futbolistas. Me voy a entrenar…

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