El arte contemporáneo tu abuela no lo entiende

El diván del cultureta

Pongamos que una señora mayor entra en una galería de arte. Su nieto ha inagurado una exposición en una pequeñita y bajo tierra, con paredes de ladrillos. Pongamos que en el madrileño —y moderno— barrio de Malasaña. Es de noche, y la mujer, con su coco ya un poco despeinado a causa del viento, ha conseguido llegar a la sala después de tanto rodeo y mujer de noche.

Una vez dentro, avanza sin saber muy bien hacia dónde se dirige. El local está lleno y la señora está cansada. A uno de los lados de la estancia ve una silla desierta, así que se acerca a paso rápido para que no consiga dueño. El trasto en cuestión tiene, sobre él, un chaquetón un tanto excéntrico. La señora lo aparta y lo cuelga del respaldo. Junto a la silla hay una mesa sobre la que descansa una bandeja. En la bandeja, un vaso de agua. La mujer, sedienta y agradecida ante semejante regalo, se lanza sobre el vaso y bebe.

El susto se lo lleva su nieto cuando la ve allí, a su abuela, destrozando su mayor obra de arte de la exposición: Chaquetón sediento. Pobre muchacho…

Vale, bien, se me ha ido un poco la cabeza con la introducción de este artículo. Lo asumo —también la posible pérdida de lectores ante ello—, pero creo que era necesario escenificarlo para meternos en situación. Esa pobre abuela que esperaba ver un paisaje o un bodegón firmado por su retoño… y resulta ser que la exposición consiste en una silla de Ikea.

Se podría resumir como la búsqueda de la innovación. El hacer algo que no se haya hecho antes. El ser diferente, creativo y buscar el arte en cualquier parte. Ese es mi concepto de arte moderno. ¿O nadie recuerda, caso parecido a este, aquellas limpiadoras que barrieron la obra de arte y los sueños al artista? Y, quizá, también algunos billetes al museo para sanar el estropicio.

Yo soy gran defensor de la frase: «el arte está en cualquier lugar». Con cualquier elemento se puede hacer arte. Es más, y no me tengan mucho en cuenta, prefiero en ocasiones aquellas obras de arte difíciles, no una sola captura de un paisaje. Prefiero aquellas piezas que te hacen reflexionar, imaginar y llegar a una —a veces disparatada— conclusión. Es divertido, sí.

¿O es que nadie se queda embobado viendo a una silenciosa Marina Abramovic? ¿O el arte desconocido de Yoko Ono? Otro punto, y que no es moco de pavo, es el precio des-me-su-ra-do de estas obras de arte. Yo por un vaso de agua medio lleno no pago veinte mil euracos, que conste. Pero esto ya es otra cosa —mucha cara dura, por ejemplo—.

Pero, mientras tanto, no pierdas el tiempo intentando explicarle a tu abuela lo que es el arte contemporáneo… ella seguirá viendo un plato de fabada como un plato de fabada.

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Carlos Mesa
Actor que escribe. Escritor que actúa. Cabeza y corazón de Verecundo Producciones. Junta palabras para subirlas al escenario. Culo inquieto que cuenta cuentos y, de vez en cuando, escribe algún artículo.

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