La revolución francesa. Dior vs. Valentino

Maria Grazia Chiuri, monarca de un nuevo reino, partió sin mirar atrás y no precisamente como consorte. Al fin llegó la revolución. La mítica maison de Christian Dior era liderada por una mujer. Mientras tanto, Pierpaolo Piccioli se convertía en el heredero absoluto de un gran imperio llamado Valentino. Las tropas de ambos ejércitos lucharon con la mayor de las limpiezas. Incluso, entre las filas de la muestra de la casa francesa se sentaba el diseñador dejado.

Chiuri y Piccioli crecieron como reyes de un mismo reino y han acabado batiéndose en el campo de batalla. Una lucha sin sangre, sin rencor, sin dolor. Una contienda fruto del periodismo más morboso. Pero lo cierto es que era inevitable. La ruptura del tándem más idolatrado de la moda tendría consecuencias nada más finalizar los desfiles en sus respectivos nuevos bandos.

Resulta curiosa esta batida en suelo francés, teniendo en cuenta que con la bandera del poder de Dior y Valentino cabalgan dos férreos italianos. Y ellos pensarán: “Cuán difícil resulta aseptizar al ser humano de su pasado”. Si la introducción de un nuevo director creativo en una firma ya despierta interés, ¿cómo no va resultar atractivo ver el trabajo de dos diseñadores que hasta la última semana de la moda habían permanecido unidos? Y lo que es más retorcido aún: la comparación.

Maria Grazia y Pierpaolo crearon un adulador Valentino. Ensoñado, ilusorio, siempre fantástico. Acabar con ese matrimonio artístico fue la mayor de las locuras. Porque hemos visto un Dior “valentinado”, y un Valentino algo desbocado. Mientras Piccioli llenaba de color la pasarela, repetía formas y cortes ya vistos, y modernizaba el clasicismo latente hasta la fecha. Chiuri adaptaba estampados y caligrafías con los que ya había jugado en su anterior trono. Continuó con sus reconocidos motivos románticos, esta vez sobre fondos blancos y negros, con la única irrupción del rojo, un posible guiño a su antigua familia. También algún tono neutro, pera nada que no hubiésemos visto ya.

Lo más original fueron las inspiraciones. “El jardín de las delicias” de El Bosco atrajo a Valentino, interpretado por la artista británica Zandra Rhodes. Historia modernizada que ayudó a refrescar la firma italiana. Por su parte, Dior posó su mirada en la esgrima para introducir nuevas formas, más allá del new look. Añadiendo que “en el deporte no se hacen distinciones de género, porque es la misma ropa para hombres y para mujeres. Quería reproducir este elemento en la moda”. Sin duda, un sonado golpe en la mesa de Maria Grazia Chiuri.

El reconocimiento individual es una meta intrínseca al ser humano. En esta guerra infundada, creada por los medios de comunicación –incluido este–, se han enfrentado dos tropas muy fuertes y muy vulnerables a la vez. Pues aunque detrás halla un gran equipo y criticar sus impecables trabajos pueda parecer un desacierto, sí se debe apostillar que ninguno de los resultados fueron los esperados. Y es que al final, Piccioli y Chiuri embriagaron al mundo de la moda de una identidad tan reconocible, que sigue estando presente aunque sus protagonistas se hayan separado. Porque dos combatientes pueden más que uno, y lo que ha ganado Dior, lo ha perdido Valentino.

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Ismael Amaro Martos
Licenciado en Historia del Arte y Máster en Desarrollos Sociales de la Cultura Artística. Investiga sobre diseño de moda, historia del traje y tejidos.

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