¿Cómo se siente un Logopeda?

Tras realizar la prueba de acceso a la universidad me planteé muy seriamente a qué quería dedicarme el resto de mi vida. Si algo tenía claro era que mi labor debería estar enfocada a ayudar a las personas, ya sea niños, como adultos o ancianos. Entonces fue cuando decidí estudiar logopedia.

Empecé la carrera en la Universidad de Málaga, pertenezco a la primera promoción de Grado, donde además de tener horas de clases teóricas tendríamos horas de prácticas para así interiorizar aún más los conocimientos.

Allí descubrí que la logopedia era necesaria para la mayoría de las personas: ayuda a personas que tengan problemas con la articulación de ciertos fonemas o hablen excesivamente rápido e impidan que otras personas le entiendan; ayuda a niños a mejorar su rendimiento académico trabajando problemas de lectoescritura; ayuda a personas que, debido a un problema de nacimiento o accidente, pierden facultades motoras y neurológicas que les impide realizar actos de la vida cotidiana como comunicarse con un lenguaje adecuado o como alimentarse haciendo un buen uso de la mordida, masticación y tragado del alimento; trata con personas sanas que no hacen buen uso de su voz por no conocer las técnicas convenientes o enseña a comunicarse a personas con déficit auditivo, ya sea desde el nacimiento o adquirido, en distintos grados y distinto tipo. El logopeda, trabajando todos estos problemas no solo consigue el objetivo de “enseñar a comunicarse” o “enseñar a alimentarse”, sino hace sentirse bien consigo mismo al paciente, consigue transmitirle tranquilidad respecto al problema y animar al paciente para solucionarlo, consigue cambiar su conducta para conseguir unos buenos resultados tras la terapia, consigue eliminar malos hábitos que generan problemas e instauran nuevos convenientes para los pacientes y consigue un vínculo afectivo que va más allá de lo profesional, se convierte en un apoyo para el paciente y la mayoría de las veces en un gran amigo.

A demás, en la carrera dispondríamos también de 90 horas de prácticas externas en asociaciones, centros privados, gabinetes, colegios privados u hospitales para así poder estar preparados para entrar en el mundo laboral.

Como veis, los lugares donde un Logopeda ejerce su profesión son en su gran mayoría centros privados, es decir, la Logopedia es un lujo que no todas las personas que lo necesitan se lo pueden permitir.

Existen muy pocos Logopedas en Málaga trabajando para la sanidad y educación pública, los primeros han de organizar sesiones muy breves de 30 minutos durante apenas 3 meses y en grupo, o sea, sin atención individualizada para cada paciente; los segundos no son logopedas, sino maestros de audición y lenguaje, algunos con la formación universitaria complementaria de logopeda, pero los que no, carecen de conocimientos y recursos necesarios para abarcar problemas que van más allá de un simple problema de pronunciación por un frenillo lingual corto (p.ej.) o un simple problema de lectoescritura.

Otro hándicap que encontramos como profesionales es que la gente desconoce la profesión, solo tres de cada diez personas conoce la existencia del logopeda y un porcentaje menor conoce al completo la labor del mismo.

¿Cómo me siento como Logopeda? Me siento engañada por las altas expectativas que me creó la universidad, me siento ignorada por las personas que desconocen un ámbito sanitario-educativo tan importante para la salud de las personas y me siento decepcionada por las personas que dirigen el país y no les interesa apoyar una profesión de este tipo.

Pero me siento bien y con fuerzas, ya que cada paso es un avance, y no dejaré de caminar hasta que seamos reconocidos como merecemos.

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Olga Bermúdez
Logopeda. Forma parte los colectivos AMIRAX, Centro de Fisioterapia Infantil "Poquito a Poco" y "Centro Psicopedagógico AS" en Málaga y Marbella.

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