Bodas estivales: Los diez mandamientos de la invitada perfecta

Ya ha comenzado oficialmente el verano. Muchas son las parejas que cada año eligen esta estación para celebrar su boda. Se trata de una decisión arriesgada teniendo en cuenta la climatología de nuestro país, y más aún si el evento transcurre en Andalucía.

Obviando al hombre sufridor que con traje y corbata o pajarita le toca soportar el calor estival, las otras grandes damnificadas son las mujeres. La elección del vestido perfecto es una difícil tarea que muy pocas aprueban con nota. Aquí van los diez mandamientosde la invitada perfecta:

  1. Tocados y pamelas para el día.

Para las bodas diurnas combina tu vestido corto con un tocado o una pamela. Cuando se case una persona muy allegada a ti suple la errónea concepción del vestido largo por un tocado escultural o una maxi pamela.

  1. Vestidos largos para la noche.

Existen una serie de normas básicas que hay que respetar, entre ellas, que los vestidos largos son para la noche. Da igual que se case tu hermano o tu primo, a las bodas de día se va con vestido corto.

  1. Tejidos vaporosos.

El calor será uno de los grandes protagonistas del enlace, así que opta por vestidos finos, al menos aparentemente. La pieza elegida puede tener tal forraje interior que consiga mantener tu cuerpo en apnea, pero exteriormente debe aparentar ligereza. Es aconsejable que las mujeres calurosas elijan un vestido fresco por dentro y por fuera. La licra queda totalmente descartada.

  1. Colores suaves.

Cualquier color es bienvenido siempre que no sea ni blanco ni negro, aunque hay que reconocer que este último puede pasar la censura en determinadas ocasiones. Para mayor posibilidad de acierto se descartan colores intensos, tales como el amarillo o el fucsia. Salvo exquisitas excepciones, los tonos ácidos rara vez resultan elegantes.

  1. Cuidado con los brillos, encajes y pedrería (BEP).

Estos elementos que asociados a la Alta Costura pueden resultar maravillosos, en una boda andaluza acostumbran a ser desastroso. La apuesta segura es prescindir del BEP. Si eres arriesgada y con buen gusto, selecciona un bonito vestido que por supuesto no haya sido comprado en la típica tienda rancia inundada de BEP.

  1. Escotes moderados.

Recuerda que vas a una boda, así que intenta no excederte con el escote. La sutileza puede ser tu gran aliada. Aunque sea verano, no hace falta ir semidesnuda para soportar el calor.

  1. No rotundo al fajín.

Aunque parezca que este elemento está más que muerto y enterrado, lo cierto es que estas bandas de tela de dudoso gusto siguen vigentes en numerosas celebraciones. Muchas son las formas con las que puedes acentuar tu cintura. La mejor opción: marcarla con el propio vestido y, en caso de necesitar refuerzos, no hagas uso del fajín sino de la faja.

  1. Guerra al chal.

El chal es el complemento por excelencia que hay que erradicar de las bodas, sobre todo cuando se coloca con un nudo en la espalda. Si quieres taparte para una ceremonia religiosa opta por un escote más discreto, pero nunca recurras al chal.

  1. Zapatos de tacón no aptos para principiantes.

Un sí categórico sólo y exclusivamente para aquellas que sepan llevarlos y aguantarlos toda la boda. No es deseable mujeres que parezcan caballos jerezanos y mucho menos looks que acaben destrozados con manoletinas. Si no los soportas elige un tacón más bajo, Pertegaz aplaudiría tu elección.

  1. Bolso bien combinado.

El concepto “zapato y bolso a juego” está más que superado. Intenta crear una gama cromática interesante entre el vestido, el tocado, el bolso y los zapatos. No suele fallar la combinación aleatoria compuesta de un tono oscuro, otro más claro, uno neutro y un estampado.

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Ismael Amaro Martos
Licenciado en Historia del Arte y Máster en Desarrollos Sociales de la Cultura Artística. Investiga sobre diseño de moda, historia del traje y tejidos.

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