2017 y aún sumidos en la Transición

2017 y aún sumidos en la Transición | Cristina Pedroche vestido nocheviejaCristina Pedroche, su estilista Josie y el equipo de Pronovias lo han vuelto a hacer: han dado la “campaná”, que diría Pedro Almodóvar. Ciertamente no se trata de un vestido elegante. Probablemente ni siquiera derrocha buen gusto, y más con esos zapatos. Pero alborotarse a estas alturas por un vestido provocativo resulta cuanto menos prehistórico.

Se han oído muchas estupideces estos últimos días. Destaca la que, por un lado, alaba a la Pedroche y la convierte en abanderada del feminismo. Por otro lado, el sector que se siente insultado y compara esta situación con la “España de Jesús Gil”. Pues ni uno ni otro. Ni la presentadora amadrina nada, ni la elección de ese vestido ha sido una imposición de la cadena para ganar audiencia. Se trata de una libre deliberación que ha conseguido el revuelo esperado.

España se ha vuelto más papista que el Papa. La ola de feminismo que afortunadamente se ha impuesto en nuestro país trae consigo efectos secundarios. No cree más en la igualdad entre hombres y mujeres quien defiende que Cristina Pedroche debería haber salido a dar las campanadas con un jersey de cuello alto. El machismo también implica escandalizarse por este tipo de elecciones.

Las críticas apestan a cerrado, a purismo. Las mentes parecen haber retrocedido a la España más rancia. Aquella que tildaba de “pilinguis” a todas las mujeres que formaban parte de los espectáculos de revista y películas de destape. Si en la Transición una chica hubiese dado las campanadas con un vestido como el de Pronovias, el país hubiese necesitado un año para asimilarlo. ¿Y qué ha cambiado en 2017? Nada. No hemos evolucionado nada. Seguimos escandalizándonos por ver una mujer bonita con un vestido sugerente.

Hartos de ver a celebridades internacionales posar prácticamente desnudas en la alfombra roja y vienen a sulfurarse porque Cristiana Pedroche elige vestidos con transparencias para Nochevieja. En España sigue ganando el conservadurismo. A lo que se le suman los prejuicios, las envidias y los complejos. Menos criticar a la presentadora bajo una falsa modernidad, bajo un falso feminismo que no es real, y más defender la libertad total. Porque la obscenidad no está en la mujer atractiva que muestra orgullosa su cuerpo, sino en el ojo lascivo de aquel que mira.

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Ismael Amaro Martos
Licenciado en Historia del Arte y Máster en Desarrollos Sociales de la Cultura Artística. Investiga sobre diseño de moda, historia del traje y tejidos.

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